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Prof. Graciela Slekis Riffel

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Mercantilismo y colonización

LA ECONOMÍA COLONIAL

EL MERCANTILISMO

Como el resto de los países europeos de los siglos XVI y XVII, España aplicó una política económica mercantilista. Sin embargo dada la abundancia de oro y plata que ingresó desde las colonias, no aplicó el modelo mercantilista en su totalidad y las consecuencias no fueron las deseadas.

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El mercantilismo es el conjunto de principios teóricos y prácticas que dominaron el pensamiento económico de Europa entre los siglos XVI y XVIII. Las primeras medidas mercantilistas parecen ser tomadas por Portugal en la época en que conquistaba territorios en las Indias Orientales y establecía un sistema cerrado de comercio: sus posesiones sólo podían comerciar con él. A Portugal lo siguió España y más tarde Francia, Inglaterra y Holanda. El modelo teórico de mercantilismo responde a los siguientes principios:

1) Metalismo. El punto de partida consiste en creer que la riqueza de los países está constituida por la cantidad de oro y plata que poseen, por lo que el país más rico era el que acumulaba más metales preciosos. Este pensamiento, en parte, fue el resultado de la gran cantidad de metal que entró en Europa procedente de América. El oro y la plata eran utilizados como medio de pago, o sea como moneda, por lo tanto la mayor cantidad de metal permitía una mayor acuñación y circulación de moneda, aumentando la actividad comercial. Los países obtenían el metal precioso de las minas que tenían en su territorio y sino debían recurrir a la colonización de otros territorios u obtener el metal mediante un aumento de las exportaciones, ya que los productos se pagaban con oro o plata.

2) Balanza comercial favorable. Esta se obtenía con exportaciones superiores a las importaciones; los países debían vender mucho y comprar poco, las ventas al exterior significaban más ingresos en metal, las compras provocaban una perdida de metal porque se pagaba con él. Para lograr esto se requería tener productos para exportar en los que haya interés de compra desde el exterior y que se limitaran las importaciones.

3) Aumento de la producción. Esto era necesario por dos razones: tener suficientes productos para el consumo de la población del país y evitar así comprarlos en el exterior (disminuían las importaciones) y tener productos para exportar a otros estados. Para aumentar la producción, fuera agrícola o industrial, era necesario crear estímulos, incentivar la producción, por ejemplo mediante rebajas de impuestos a los inversores que creaban manufacturas. También era necesario defender la producción nacional de la competencia que podían hacer los productos de otro país y para eso se aumentaban los impuestos aduaneros (aranceles). Esta última medida también era necesaria para disminuir las importaciones ya que al aumentar el impuesto a los productos importados, estos aumentaban de precio y ya no era ventajoso comprarlos. Los aranceles aumentaban para los productos extranjeros elaborados, pero las materias primas se trataba de que ingresaran lo más baratas posible para que fueran elaboradas por las industrias nacionales.

4) Dirigismo estatal. El establecimiento de aranceles altos, los estímulos a la producción nacional y otras medidas para mantener la balanza comercial favorable, requerían de la intervención del estado en la economía.  El mercantilismo no era contrario a la iniciativa privada, pero era necesaria la intervención del estado establecer las medidas que permitieran obtener y conservar el metal precioso.

5) Poblacionismo. El aumento de población era considerado factor fundamental para el crecimiento económico del país. Al haber más población, había más mano de obra y se abarataba su costo. Los mercantilistas recomendaban tener población abundante y pobre, que permitiera mantener bajos los salarios, de ésta manera se bajaban los costos de producción y los productos se hacían más baratos y podían competir mejor con los extranjeros.

El mercantilismo aplicado por España.- La doctrina mercantilista aplicada en España se adaptó a las circunstancias históricas que este país vivía. En los otros países que aplicaron el mercantilismo, el problema principal era el de obtener los metales preciosos estimulando la producción y las exportaciones para lograr la balanza comercial favorable y así lograr el ingreso de oro y plata. España obtuvo el oro y la plata de sus colonias en América por lo tanto no se planteaba ese problema y se descuidó la producción.

Por otra parte el ingreso en grandes cantidades de oro y plata y su circulación como moneda dentro de España incrementó la demanda de mercaderías. Como la producción no era suficiente, la oferta fue menor que la demanda, provocando un aumento de precios. Por lo tanto el ingreso de los metales provocó inflación en España. Al tener escasos productos y a precios altos las consecuencias eran:

  1. a) Los productos españoles no iban a poder competir con los de otros países (por que eran más caros), por lo tanto disminuían las exportaciones.
  2. b) Los productos de otros países, al ser más baratos podían ingresar con ventajas en España y ser más demandados que los productos españoles, más teniendo en cuenta que estos no abundaban. Por lo tanto aumentaron las importaciones que hacía España.

Como resultado de esto la balanza comercial era desfavorable y el oro y la plata no se quedaban en España sino que eran usados para pagar las importaciones. España no tenía problemas para obtener los metales preciosos, pero sí para conservarlos. La presencia de los metales en su propias colonias llevó a España a hacer hincapié en el aspecto metalista del mercantilismo, pero dejó de lado los otros principios y el resultado fue e atraso productivo de España en relación al resto de Europa Occidental y la perdida del oro y la plata que era, en definitiva, la base del sistema. Durante los siglos XVI y XVII la gran cantidad de oro y plata que ingresaron a  España disimularon la situación y España vivió una época de esplendor, pero a partir del siglo XVIII se empezaron a ver las dificultades que se avecinaban

LA MINERÍA

Fue la actividad económica preferida por los colonos y la que despertó mayor interés del gobierno. La explotación minera estaba dirigida sobretodo a la obtención de oro y plata, metales necesarios para realizar los pagos. Al iniciarse la conquista de una región, se podían obtener metales preciosos mediante el trueque con los indios. Estos usaban esos metales para confeccionar sus adornos o con finalidades de culto y no le daban un valor material como sí le daban los españoles. Pero pronto los conquistadores dejaron sus buenos modales y fueron directamente al saqueo. Todos lo objetos de oro y plata que eran encontrados a su paso eran tomados y convertidos en lingotes. De ahí surgieron las primeras partidas de metal precioso que llegaron a España desde México y Perú.

Cuando se acabaron los objetos los españoles recurrieron a la técnica más primitiva de obtener oro: el lavado de las arenas auríferas en los ríos para encontrar pepitas. Obligaron a los indios a hacer el lavado e incluso llegaron a hacer represas pequeñas para desviar el curso de las corrientes para buscar en el cauce barroso.

Posteriormente se comenzó a realizar el trabajo de minería propiamente dicho: donde una veta afloraba se la seguía subterráneamente haciendo galerías. Estas seguían las vetas de metal en todas direcciones sin tener en cuenta la seguridad o los desagües, por lo que la explotación era muy peligrosa para quienes trabajaban en ellas. Los métodos de extracción de metales de las minas eran rudimentarios y destructivos. Se trataba de obtener la mayor cantidad en el menor tiempo posible y de esta manera se anulaba rápidamente la productividad de la mina. Todos los trabajos pesados y peligrosos eran realizados por indígenas o esclavos negros.

Los principales yacimientos de metal precioso fueron los de Zacatecas, Potosí y Pasco.

En cuanto al trabajo con los metales, después de prolongadas investigaciones, se aplicaron nuevos procedimientos. Por ejemplo para moler el metal se usaron molinos de agua y para que estos funcionaran, en Potosí, se construyó un embalse artificial que recogía y acumulaba el agua de las lluvias. Otra innovación importante fue el procedimiento de amalgama para purificar la plata. Esta se extraía unida a otras sustancias y al fundirse no tenía total pureza. Hasta que se usó mercurio en la fundición. La plata se unía (amalgama) al mercurio y se separaba del resto de mineral, luego se destilaba el mercurio y quedaba la plata.

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En el siglo XVIII disminuyó la producción de oro y plata. Particularmente notable fue la disminución en Potosí donde la producción bajó de 70 a 40 toneladas anuales y la población, que en su momento de esplendor había alcanzado los 120 mil habitantes, se redujo a 30 mil personas. Según las informaciones oficiales procedentes de la correspondencia de los virreyes, en Perú había a fines del siglo XVIII 70 minas de oro y casi 600 de plata, pero la mayor parte eran pequeñas explotaciones donde se escarbaba al azar y la mayoría de los buscadores de metal autorizados eran míseros trabajadores con pocas y sencillas herramientas.

Además de oro y plata se extrajo cobre del que había una fuerte demanda. La floreciente industria azucarera necesitaba grandes calderos de cobre cuya introducción desde Europa resultaba costosa. También se intentó fundir campanas para las iglesias. En 1530 se descubrieron ricos yacimientos en Cuba y el rey Carlos V, quien también era emperador de Alemania, envió especialista alemanes para lograr un método de fundición adecuado. También en México y Chile se explotó el cobre pero escasamente.

También del fondo del mar los españoles sacaron riquezas de América. Ya en el tercer viaje de Colón se había tenido conocimiento de la existencia de perlas en las aguas que rodeaban las islas Antillas. Los comerciantes de Sevilla equiparon expediciones para realizar la extracción. La zona de mayor producción fue la isla Margarita. Las empresas formadas para obtener las perlas usaron mano de obra indígena o esclavos negros. Los pescadores buceaban en las profundidades mientras tuvieran aire en sus pulmones, atados a una soga y con una piedra de lastre y un canasto donde juntaban lo obtenido. Se volvían a zambullir una y otra vez hasta el agotamiento. Era un trabajo peligroso: aparte de los ataques de los tiburones, los buceadores experimentaban daños irreparables en sus pulmones por los cambios bruscos de presión. Debido a la gran cantidad de muertes la corona prohibió el uso de indígenas contra su voluntad y que  se tomaran precauciones al hacer el trabajo.

LA AGRICULTURA Y LA GANADERIA

Los conquistadores y las primeras oleadas de colonos venían al Nuevo Mundo con el interés de obtener oro, especias u otros productos exóticos y no pasaba por sus cabezas radicarse para cultivar. Las necesidades de la subsistencia obligaron a los colonos a practicar la agricultura y la ganadería ya que ellas les suministraban los alimentos necesarios. Los primeros asentamientos hispánicos en las Antillas subsistieron por un tiempo con el trigo que les suministraban desde España, pero a medida que la colonización se extendió por el continente resultaba imposible por lo costoso mantenerse abastecido de esa manera. Al principio recurrieron, como en la obtención de metales preciosos, al trueque o al despojo de los alimentos de los indígenas. Pero esta forma de abastecerse era insuficiente y resultaba imposible donde los indígenas no habían desarrollado alguna forma de agricultura. Entonces los españoles debieron cultivar, pero donde había indígenas sedentarios dejaban las labranzas de las tierras a su cargo y evitaban en lo posible trabajar con sus propias manos.

Cuando se estableció el sistema de encomiendas, los indígenas pagaban un tributo con la producción de sus cultivos. Estos productos no sólo eran utilizados para el consumo del encomendero y su familia, sino que los sobrantes se vendían en los mercados de las ciudades. Pero la alimentación de los españoles en base a los cultivos de los indígenas estuvo en problemas cuando empezó a descender la población india, como sucedió, por ejemplo, en México en las últimas décadas del siglo XVI. Esto provocó un desabastecimiento del mercado y un  considerablemente aumento en la demanda de productos. Entonces algunos colonos españoles vieron redituable invertir en plantaciones de productos alimenticios para abastecerse. Esas plantaciones, sin competencia, comenzaron a crecer y se fueron transformando en latifundios, ocupando tierras indígenas y usando a estos como mano de obra junto con esclavos africanos.

Posibilidades aun mayores de ganancia se presentaron a la agricultura cuando sus productos no sólo se vendían en los mercados locales sino que se enviaban a otras zonas de Hispanoamérica e incluso a España. Dentro de América las zonas mineras fueron un importante estímulo para los cultivos y la ganadería. En aquellos lugares donde se descubrían yacimientos de metales preciosos afluía una numerosa población que originaba una demanda creciente de medios de subsistencia. Como las minas , por lo general, estaban en zonas áridas o montañosas, se beneficiaban los valles fértiles de zonas cercanas. Pero también la ganadería se beneficiaba. El duro trabajo de las minas exigía una alimentación con carne; también eran necesarios animales de tiro y el cuero tenía múltiples utilidades. Tan pronto se difundía la noticia del hallazgo de una veta de mineral, los ganaderos ponían en movimiento sus rebaños hacia esa zona y sabían que la dedada generada permitía exigir altos precios.

Los españoles introdujeron en América cereales, hortalizas y frutales que ya utilizaban en su tierra y que en América no existían. Por ejemplo el trigo con el obtenían la harina necesaria para el pan, el principal producto del consumo de aquella época. Pero al principio tuvieron dificultades porque el trigo no producía adecuadamente en las zonas húmedas tropicales, pero cuando la colonización se extendió hacia las zonas templadas su éxito fue total. En México hubo buena producción triguera en Puebla y en los alrededores de la ciudad de México; en este caso el uso de regadío permitía dos cosechas anuales. En Perú hubo dificultades por enfermedades de las plantas, desarrollandose una buena producción en Chile, Cuyo y Tucumán. En algunos lugares el cultivo del trigo chocó con la resistencia de los indios que se negaban a plantarlo y permanecían aferrados al cultivo del maíz.

Los colonizadores tampoco quisieron privarse del vino y tempranamente introdujeron plantas de vid. Cristóbal Colón llevó, en 1497, las primeras estacas de vid a las Antillas; pero al igual que sucedía con el trigo, la zona tropical no era propicia para la viña.  Pero si eran aptas las tierras al norte de México (California), la región del Perú (Pisco, Nazca, Ica, Arequipa), Chile y algunas zonas del Río de la Plata (Mendoza). En los primeros tiempos el gobierno amparó la viticultura y ordenó, en 1531, que cada nave que zarpara hacia América llevara renuevos de vid. Pero la expansión de la vid y la gran producción de vinos que competían con los vinos españoles llevaron a tomar medidas restrictivas. Por ejemplo Felipe II ordenó al virrey del Perú que no concediera ningún permiso para la plantación de nuevas viñas ni el restablecimiento de las que ya estaban viejas.

Otro producto típicamente español y que los colonos quería tener era el aceite de olivo por lo que se plantaron olivos pero su difusión no fue mucha. Además se carecía de molinos para transformar las aceitunas en aceite, sustituyendo éste por grasas animales.

El arroz tuvo mejor adaptación que el trigo al clima americano. Las cálidas y húmedas zonas tropicales eran propicias para su cultivo. Tampoco faltaron las más variadas hortalizas y frutales, especialmente los cítricos.

Pero no sólo se cultivó para la alimentación local. También se hicieron plantaciones para vender hacia España como el caso de la caña de azúcar que produjo abundantes cosechas que permitieron abastecer a varios países europeos. Las primeras plantas se introdujeron desde las Islas Canarias en la zona del Caribe. En los primeros años cuando los españoles aún no estaban interesados en los cultivos, no tuvo éxito. Pero en 1515 llegaron técnicos canarios de la industria azucarera. El cultivo se difundió por todas las islas  caribeñas (Santo Domingo, Puerto Rico y Cuba fueron las principales zonas de producción) y luego pasó al continente. También se multiplicaron las instalaciones para procesar la caña y hacer el azúcar: los “ingenios”, que usaban fuerza hidráulica, o los “trapiches” puestos en movimiento por la fuerza animal. La producción de azúcar requería una costosa inversión que sólo era rentable en grandes plantaciones dedicadas sólo a ese producto y una mano de obra abundante y barata, por lo tanto, azúcar, latifundio, monocultivo y esclavitud iban de la mano. Los plantadores de azúcar lograron grandes ganancias con las ventas hacia Europa y ocuparon en la sociedad colonial una posición privilegiada. En el siglo XVIII la difusión del azúcar se vio favorecida por el consumo de café y té, dejando de ser un artículo de lujo para pasar a ser de uso cotidiano.

El cacao, alimento de origen americano que tenía un consumo importante entre los indígenas de la región andina, se difundió como bebida estimulante en España y otros países europeos. También fue un cultivo para exportar. Al comienzo se lo plantaba en Centroamérica (principalmente Guatemala y El Salvador) pero al disminuir la producción por el agotamiento del suelo a consecuencias del monocultivo, se extendieron las plantaciones en Sudamérica siendo la principal región productora la costa venezolana. El cultivo se efectuaba en enormes plantaciones con esclavos negros.

Otro producto de origen americano que se cultivó para procesar y vender en Europa fue el tabaco. Cristóbal Colón conoció ya en su primer viaje el extraño hábito de los indígenas de aspirar humo de un canuto vegetal encendido. Los europeos lo consideraron como una costumbre de salvajes. Las hojas de la planta de tabaco se utilizaron, al principio, con fines medicinales ya que se le atribuían diversos efectos terapéuticos. Más adelante se comenzó a fumar y como el precio era elevado sólo las personas adineradas podían hacerlo, así que fumar pasó a ser un signo de distinción social. Esto estimuló las plantaciones de tabaco a comienzos del siglo XVII. La forma de cultivarlo era similar a la caña de azúcar y el cacao: en latifundios y con mano de obra esclava.

También fue importante el cultivo del algodón. Se utilizó para los tejidos hechos en América y también se le enviaba a España. A mediados del siglo XVIII la corona concedió franquicias aduaneras a su introducción, destinada principalmente a las textiles catalanas.

Con aún mayor rapidez que las plantas introducidas, se propagaron por América los animales domésticos que trajeron los conquistadores ya en sus primeros viajes. Caballos, vacas, ovejas, cerdos, cabras, asnos y aves de corral, enriquecieron la fauna americana y brindaron gran utilidad a los colonizadores. Influyó notablemente sobre la alimentación, los transportes y en general sobre el modo de vida de la población.

Desde el segundo viaje de Colón se transportaron caballos al Nuevo Mundo, pero ya en 1507 el gobernador de Santo Domingo le escribía al rey comunicándole que no era necesario enviar más por la abundancia que había. Desde Santo Domingo se llevaron caballos a Cuba, Jamaica y Puerto Rico. Los conquistadores que partían desde estos lugares hacia el continente, llevaron caballos que fueron de gran ayuda en la conquista y sometimiento de los indígenas. Caballos, asnos y mulas fueron importantes para el traslado de personas y de mercaderías.

En cuanto al ganado vacuno se utilizaba la carne para el consumo local permitiendo una alimentación rica en proteínas, los cueros y la grasa. Fue sorprendente la rápida reproducción favorecida por las excelentes praderas. Los vacunos se criaban en total libertad y volvían a su estado salvaje (cimarrones). Era tal la cantidad de ganado que el precio de la carne era muy barato. Por ejemplo en santo Domingo, a mediados del siglo XVI la carne valía 30 veces menos que en España. En las matanzas, la mayor parte de la carne quedaba si aprovechar, sirviendo de alimento para los buitres y los perros salvajes. Sólo el cuero y la grasa tenían realmente un valor comercial. La salazón de carnes para la venta (tasajo o charque) recién comenzó a hacerse a fines del siglo XVIII.

Se practicó la explotación extensiva del ganado vacuno en grandes haciendas o estancias; por la forma de cría libre, el ganado cimarrón ocupaba “tierras de nadie”, es decir tierras que aún no habían sido repartidas, y se otorgaban permisos para su faena. Pero en general matar un animal para satisfacer el hambre era algo común y no se consideraba un delito. Por su forma de explotación no requería mucho personal y por lo tanto las zonas de mayor producción ganadera no fueron zonas de concentración de población. La región donde más se difundió la ganadería fue el Río de la Plata, siendo los derivados de esta actividad casi el único producto que se obtenía para vender.

INDUSTRIA

América presentaba algunas condiciones favorables para el desarrollo de la industria: a) poseía materias primas y abundante mano de obra; b) tenía una población de origen europeo en constante crecimiento que estaba ávida por consumir productos a los que estaba acostumbrada en España y que llegaban en cantidades inferiores a la demanda.

Pero también había algunos obstáculos: a) la mano de obra, india o negra, no era en general experimentada para la producción industrial; b) el traslado de la producción de un lugar a otro era difícil por lo rudimentario de los transportes y la falta de caminos, por lo tanto la producción debía volcarse a los mercados más cercanos; c) el estado español, para proteger a los productos hechos en la metrópoli prohibió todas aquellas industrias que podían llegar a hacerle competencia; c) los que tenían dinero para invertir preferían hacerlo en la minería o en el comercio que eran actividades consideradas más seguras para lograr ganancias.

Durante la colonización española las ciudades no fueron, en el sentido económico, centros industriales, sino lugares donde los funcionarios y empleados públicos vivían de su sueldo y los encomenderos gastaban los tributos de sus indios. La mayor parte de los vecinos se dedicaban a la agricultura o la ganadería, así que eran “ciudades de campesinos”. Era imprescindible, sin embargo, cierta actividad artesanal para proporcionar a los habitantes los objetos de uso cotidiano.

Una de las industrias más desarrolladas fue la textil. La fabricación de tejidos, conocida como “obrajes”, utilizaba mano de obra indígena. El trabajo comprendía diversas etapas, en algunas de las cuales intervenían también mujeres y niños. Allí se hilaba, se teñía y se tejían diversos tipos de artículos: paños, frazadas, bayetas, alfombras, sombreros, etc. La producción no alcanzó la calidad de la realizada en España ni la de la producción indígena anterior a la conquista. Pero lo que se buscaba era más cantidad que calidad para satisfacer la demanda sobretodo de parte de los indígenas, ya que las leyes impuestas por los españoles les prohibían andar desnudos y debían vestirse. También los españoles modestos usaban estas telas. Sólo los españoles ricos podían adquirir las telas españolas.

La instalación de estos obrajes sólo podían hacerse con la autorización de las autoridades españolas. Cuando a España llegó información de que la producción textil de México se estaba vendiendo en otras partes de América, el rey Felipe II dispuso que el virrey de México diera órdenes para limitar la producción.

La producción textil tuvo oscilaciones pasando por momentos de auge y de decadencia. En algunos momentos se cerraban los obrajes por órdenes de las autoridades; en otros el ingreso de telas de contrabando era tan intenso que los textiles locales de mala calidad no podían competir y quedaban sin vender. Pero también había momentos buenos, por ejemplo en las épocas de guerra de España con Inglaterra, cuando los transportes marítimos eran escasos, la falta de telas y otros productos que se traían de España, obligaba a consumir los fabricados en América, aumentando los precios y la producción. Ya en la época colonial las guerras europeas beneficiaron la producción industrial americana.

Otras industrias que tuvieron cierto desarrollo en la América colonial fueron: la salazón de cueros, carnes y pescado, la fabricación de calzado y aperos, los astilleros, los ingenios y trapiches de azúcar. La mayoría de los objetos que se producían en América se hacían a un nivel artesanal a través de diversos oficios. Estos estaban organizados en gremios excluyentes. A pedido de los gremios, los cabildos establecían ordenanzas donde se especificaba la condición social y racial de quienes podían ser integrantes de ellos y las normas que había que cumplir para poder ser aceptado y practicar un oficio.

El trabajo de los orfebres en oro y plata fue de los que más atención suscitó por parte del estado español, ya que una quinta parte de lo producido correspondía a la corona.  Además el valor y la calidad artística de los trabajos, convertía a los artesanos que trabajaban con metales preciosos, en el gremio más rico y respetado. Una de las exigencias para ser admitido, además de la “obra maestra” que probara su calidad, era la de ser español, dejando fuera a indios, negros y mestizos, aunque todos estos sí podían ser auxiliares. Muchos de los gremios exigían ser español para ser aceptado, por ejemplo, los herreros, los pintores y tallistas, entre otros. No existía esa exigencia para trabajos pesados o que no eran considerados de prestigio como la albañilería, la carpintería o la curtiembre de cueros.

COMERCIO

El comercio se regía no sólo por la oferta y la demanda, por los gustos y deseos de los consumidores y los intereses de los vendedores, sino que también estaba regulado por el estado al aplicarse el mercantilismo. De acuerdo a los principios de ésta doctrina económica, la riqueza de los países se basaba en la posesión de metales y preciosos y estos se obtenían tenieno minas que los  suministraran o mediante una balanza comercial favorable, es decir exportando más de lo que se importaba, porque los pagos se hacían con metal. Para mantener una balanza comercial favorable se requería la intervención del estado en la actividad económica  evitando el ingreso de productos extranjeros a través de impuestos aduaneros, monopolizando el comercio colonial e impidiendo que las colonias comerciaran con otros paises, estimulando la producción de materias primas en las colonias para hacer con ellas los productos que no se quería importar y limitando la producción colonial que hiciera competencia con la metropolitana.

Por lo tanto el estado español regulaba todos los intercambios comerciales de las colonias con España.

Durante casi todo el periodo colonial la ruta que comunicaba a España con América pasaba por el Atlántico norte. Practicamente era la misma ruta que había hechos Colón. Al llegar a las Antillas partían las rutas antillanas: una hacia México y otra en dirección de Tierra Firme (Panamá). Por el Atlántico Sur sólo excepcionalmente circulaban barcos españoles; los territorios de América del Sur recibían o enviaban productos a España a través de la ruta del Atlántico norte utilizando el transporte terrestre  para llegar a Lima (Perú) y de ahí a Panamá. Esta última ruta señalada, la que conectaba Lima con el puerto de Portobelo en Panamá era una de las principales rutas del Pacífico y por ella circulaba un considerable volumen de mercadería(no olvidar el oro y la plata de Perú que se enviaba a España). La otra ruta del Pacífico, con menos tráfico, era la de Oriente que unía México y las islas Filipinas.

No todos los puertos españoles y americanos estaban autorizados a recibir o enviar barcos. El comercio se regía por el sistema de puerto único, que permitía un mejor control de las salidas e ingresos de mercadería. La situación geográfica benefició a la región de Sevilla-Cádiz como punto de partida de la ruta marítima hacia el Nuevo Mundo. Sevilla, a 90 kilómetros del mar remontando  el río Guadalquivir, se convirtió en el centro de las empresas hispánicas destinadas a la colonización. Su situación estratégica (estaba más protegida de los ataques externos por no encontrase directamente sobre la costa) y la riqueza de las regiones adyacentes, la convirtieron en el lugar adecuado para organizar y abastecer las flotas que partían hacia América. Ya antes del descubrimiento de América era un importante centro comercial y en ella tenían representantes las principales compañías mercantiles italianas, circulaba mucho dinero y había posibilidad de conseguir préstamos. Por lo tanto no fue una casualidad que en 1503 los Reyes Católicos establecieran en Sevilla la sede de la casa de Contratación encargada de supervisar el tráfico con América. A Partir de ese momento Sevilla fue el puerto único para comerciar con las colonias americanas. En 1543 se creó el Consulado de Comercio que privilegiaba a los comerciantes sevillanos dándoles funciones judiciales en los temas comerciales. En 1561 se creó la Universidad de Maestres y  Pilotos integrada por expertos en cuestiones náuticas.

Ante los reclamos de los colonos de que la entrada al río Guadalquivir para acceder a Sevilla demoraba el tráfico comercial, en 1519 la corona permitió que en el puerto de Cádiz, que estaba antes que el de Sevilla, se realizara la descarga de las naves que provenían de América, exceptuando las que llevaban cargamentos de metal precioso que debían proseguir hacia Sevilla. Durante el reinado de Carlos V se permitió la salida de embarcaciones desde otros puertos, pero el regresar a España debían pasar por Sevilla. Esta medida fue revocada por su sucesor Felipe II que volvió a establecer el sistema de puerto único al ordenar que todos los navíos que partieran hacia América debían hacerlo juntos como parte de la misma flota. Por lo tanto las naves se concentraban en las costas sevillanas para partir desde allí. Además se necesitaban pilotos experimentados en viajes al Nuevo Mundo y estos solamente se podían encontrar en Sevilla o Cadiz.

Cuando las naves llegaban a América también tenían que dirigirse a determinados puertos y no podían desembarcar en cualquier lugar. Los puertos de ingreso a América eran Veracruz, Cartagena y Portobelo.

Las embarcaciones que habían la travesía del Atlántico eran deficientes ya que, a causa del deterioro causado por los viajes en las zonas tropicales, se reservaban las mejores embarcaciones para los viajes por el Mediterráneo. Muchos barcos quedaban inservibles después del viaje al Nuevo Mundo y no regresaban a España, incluso eran vendidos a precios baratos para navegar en rutas americanas. Los viajes eran lentos y eran frecuentes los naufragios por los temporales y por la excesiva carga que llevaban que hacía dificil maniobrar para salvarse de los peligros. Además de las tempestades, las embarcaciones debían afrontar el peligro de los ataques de piratas y corsarios. Las dificultades de defender los barcos en rutas tan extensas, la codicia ante las fortunas transportadas hacia España, el frecuente estado d guerra de éste país con otras potencias europeas y el intento de Inglaterra de declarar la libre navegación de los mares y terminar con la monopolización de las rutas por parte de España y Portugal, estimularon la acción de los piratas. Estos, de diversas nacionalidades, se establecieron en las islas Antillas más pequeñas que habían sido abandonadas por los españoles al no hallar riquezas en ellas. San Cristobal, Barbados, Curaçao, Martinica, Tortuga, Jamaica, fueron algunos de los refugios utilizados. Desde allí partían para apoderarse de las naves que volvían a España llevando el oro y la plata. Ciudades importantes como Cartagena y Panamá cayeron en manos de los piratas. Si bien estos se apoderaban de las riquezas para uso propio, en algunos casos actuaban al servicio de algún estado. Por ejemplo John Hawkins y Francis Drake al servicio de Inglaterra.

La corona española reaccionó frente a estos ataques tratando de proteger a los barcos mediante el sistema de flotas y galeones. Durante el reinado de Felipe II se ordenó que todas las embarcaciones que partieran hacia América o regresaran de América a España, debían hacerlo integrando la flota. Esta partía de España dos veces al año, en abril y en agosto, marchando todos las naves juntas hasta destino. La flota que partía en abril (primavera en el hemisferio norte) se dirigía hacia Veracruz en México. La flota que salía en agosto (verano) se dirigía hacia Cartagena (Venezuela) y luego hacia Portobelo (Panamá). Ambas flotas permanecían en América durante el invierno y se reunían en marzo en La Habana (Cuba) para partir de regreso a España aprovechando los vientos propicios.

El regreso de todas las naves custodiadas por los galeones, barcos de guerra, daba más protección. Los viajes demoraban entre dos y tres meses y casi nunca partían en fecha por los atrasos que se daban en la llegada de la mercadería al puerto y la demora en cargar los barcos. A veces las demoras se hacían a propósito por el cargamento no era suficientemente grande para obtener las ganancias esperadas. Los comerciante sevillanos al tener el monopolio de la organización de las flotas, eran los verdaderos árbitros del comercio. Seleccionaban la mercadería a enviar hacia América enviando preferentemente aquella que era más cara y que dejaba más ganancia. Llegaron hasta a provocar periodos de escasez para hacer subir los precios.

Cuando la mercadería llegaba al consumidor final en América, el precio se había ido incrementando por todos los intermediarios que había en el camino y por la escasez de productos ya que no llegaban en cantidad suficiente. Al costo del producto en España hay que agregarle: la ganancia que obtenía el comerciante sevillano, la ganancia del armador del barco, el costo del flete, la ganancia del comerciante mayorista que compraba la mercadería en Portobelo, Veracruz o Cartagena, la ganancia de los comerciantes que adquirían la mercaderia para revenderla en el interior de América. Si la mercadería tenía como rumbo, por ejemplo Buenos Aires, debía ser trasladada por tierra para cruzar Panamá, luego embarcada por mar hasta Lima, de ahí en lomo de mula cruzaba los Andes rumbo a Alto Perú y de ahí seguía la ruta hacia Buenos Aires. A todo eso hay que agregarle los impuestos que cobraba el estado español más los impuestos especiales para mantener los barcos que protegían a la flota. Se ha estimado que en algunos casos el aumento de precios llegaba al 1000%.

Los colonos reclamaban por los altos precios y la falta de mercaderías y en cuanta oportunidad tenían recurrían a comprar productos que ingresaban ilegalmente. El contrabando fue una forma de poder abastecerse que, en muchos casos, fue permitida por las autoridades locales ante la falta de mercadería procedente de España.  El contrabando en América tuvo dos centros principales: el Río de la Plata y el Caribe. El Río de la Plata era lugar propicio por las siguientes razones: a) la extensión de sus costas dificultaba la vigilancia; b) la proximidad de los portugueses en Brasil permitía tener allí una base de aprovisionamiento; c) los altos precios que tenían que pagar los pobladores por las mercaderías españolas debido a la lejanía de esta región de los puertos de ingreso ya mencionados. La Corona trató de paliar la falta de mercadería española permitiendo, en 1618, el ingreso de dos naves de 100 toneladas cada dos años al puerto de Buenos Aires (era el llamado “navío de registro” o “de permiso”). Pero esto no solucionaba la situación. El avance portugués hacia el Río de la Plata, incrementó el contrabando que se hizo intenso cuando se estableció la ciudad de Colonia del Sacramento frente a Buenos Aires.

En el Caribe la situación favorable al contrabando estaba determinada por la existencia de muchas islas que, descuidadas por los españoles, habían sido ocupadas por franceses, ingleses y holandeses entre otros.

Desde el ascenso de los Borbones al trono español se realizaron ciertas reformas para agilizar el tráfico comercial. En 1735 se abolió el sistema de flotas y galeones, permitiendo la navegación en cualquier época del año. Cinco años más tarde se permitió navegar hacia el Pacífico doblando el cabo de Hornos en el extremo sur de Sudamérica. De esta manera Perú y Chile se podían poner en contacto con España sin necesidad de los puertos del Caribe. Desde 1765 se liberó paso a paso la navegación hacia las diversas regiones de América y se permitió comerciar directamente a otros puertos españoles además de Sevilla y Cádiz. En 1777 se permitió que en Venezuela se vendieran negros esclavos procedentes de colonias extranjeras. Posteriormente se fue autorizando a diversos puertos de América la libre importación de esclavos. La importación de esclavos se podía pagar con productos agrícolas americanos, de esta manera se empezaron a colocar productos americanos en otros países que no fueran España. Las guerras provocadas en Europa  a raíz de la Revolución Francesa, interrumpieron el tráfico normal entre España y sus colonias americanas y el estado español permitió a los colonos comprar y vender a colonias de otros países. En 1801,  al mantenerse la situación de guerra, España autorizó a barcos de países neutrales a ingresar mercadería a los puertos americanos. De esta manera el monopolio comercial se resquebrajó.

colonias América

Diferencias entre las colonizaciones española e inglesa

LA COLONIZACIÓN INGLESA
1.Fue organizada, tardía pero en forma.
2.Los colonos eran anti-monarcas, tenían en sus mentes ideas de libertad política y religiosa.
3.Al asentarse en América los colonos gozaban de cierta libertad logrando establecer donde llegaban libertades económicas, políticas y religiosas.
4.Las colonias inglesas poseyeron una unidad general, predominando sobre los otros inmigrantes alemanes y franceses los cuales adoptaron el idioma y las costumbres religiosas.
5.La colonización inglesa se dio con fondos de individuos y grupos privados y no oficiales.
6.En el mundo anglosajón puritano en cambio, los actos de maldad y de extermino contra los nativos o pieles roja vienen narrados como actos meritorios y necesarios para el bien de la comunidad de los creyentes.

La Inglaterra del siglo XVII –1660 – se encontraba afectada por una guerra que había durado 30 años -entre católicos y protestantes en Europa- además, de la decapitación del Rey Carlos I, la dictadura de Cromwell y la llamada revolución gloriosa de 1668.

Hacia Inglaterra viajaron calvinistas y hugonotes franceses que veían a Inglaterra como un refugio de los desmanes de príncipes y reyes. Estos colonos tenían arraigados sentimientos fuertes de autonomía política y religiosa, fueron bien recibidos en Inglaterra y la corona inglesa les permitió colonizar la América y desarrollarse libremente.Este proceso se inició a principios del siglo XVII, lentamente pero de manera ordenada. Allí crearon sus instituciones políticas, económicas y religiosas. Es preciso tener presente, que ni los alemanes, ni los franceses formaron colonias diferentes, ellos adoptaron las costumbres inglesas e incluso su idioma. Esta colonización no fue patrocinada por el Estado Inglés, sino más bien, por grupos adinerados y expediciones privadas como la compañía de Londres y Plymouth quienes se instalaron en la región de Virginia y Nueva Inglaterra al norte.
Gracias a la conformación de nuevos poblados y a las diferencias surgidas entre los puritanos ingleses y los ingleses residentes en Holanda, nacerán las llamadas trece colonias de Norteamérica: Virginia, Massachussets, Connecticut, New Hamshire, Georgia, Maryland, Carolina del Norte y del Sur, New Jersey, Pensilvania, Rhods Island, New York y Delaware. Estos grupos ya establecidos se van a diferenciar en que los puritanos del norte se dedicaron a la industria y los latifundistas al sur se dedicaban a la explotación mediante esclavos negros.

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Uruguay: tiempos de prosperidad

Al concluir el siglo XIX los cambios demográficos anunciaban las nuevas formas de vida de la sociedad uruguaya, la modernización.

LA INMIGRACIÓN

Después de la independencia y a medida que los países americanos fueron evolucionando, se fue creando en Europa un creciente interés por trasladarse hacia América.

Los factores que impulsaron las migraciones europeas fueron varios:

1) La ruina de las pequeñas industrias familiares que no pudieron competir con las fábricas.

2) La ruina de los artesanos que tampoco podían competir con las fábricas.

3) La desocupación masiva en el campo generada por el cercamiento y la mecanización del trabajo agrícola.

4) Las oleadas de desocupación en las fábricas cuando alguna innovación técnica (una nueva máquina) quitaba trabajo a los obreros.

5) Las crisis de superproducción que obligaba a los fabricantes a despedir personal.

6) Las persecuciones políticas, sindicales o religiosas.

La mayor rapidez y seguridad del transporte marítimo con la navegación a vapor y el abaratamiento de los pasajes favorecieron la migración. Los países americanos estimularon el traslado de inmigrantes porque necesitaban mano de obra e incluso se formaban empresas para traerlos y les pagaban el pasaje a cambio de trabajar cuando se instalaran en América. A veces se cometían abusos y los inmigrantes transformaban en “esclavos blancos”. Empresarios inescrupulosos contrataban barcos antiguos y pequeños donde traían a los inmigrantes sobre la cubierta en malas condiciones y como si fueran parte de la carga.

Los países europeos veían con buenos ojos la salida de población de sus territorios porque:

– desahogaba las presiones internas sobretodo en momentos de crisis.

– los inmigrantes que instalados en otros continentes progresaban económicamente querían comprar productos europeos y se transformaban en nuevos mercados de consumo.

LAS PRIMERAS ETAPAS

La emigración hacia nuestro país comenzó a ser importante hacia el año 1834. Entre 1835 y 1842 ingresaron 17 mil franceses, 12 mil italianos y más de 10 mil españoles. Hubo proyectos para favorecer el ingreso de inmigrantes.

Samuel Lafone presentó un proyecto por el cual se encargaba de traer inmigrantes vascos si el estado uruguayo le pagaba y le permitía comprar tierras pagándolas con títulos de deuda. El estado recibiría luego, a largo plazo, la devolución del dinero gastado, comprometiéndose los inmigrantes a pagar los pasajes en dos años. El proyecto no fue autorizado por la Asamblea General al considerarlo oneroso.

Otro proyecto fue el de crear una ciudad en la zona del Cerro de Montevideo con inmigrantes, a la que se llamaría Cosmópolis. Se dividió la tierra en chacras pero el proyecto se prolongó en el tiempo por la falta de interesados.

En estos primeros años de ingreso de inmigrantes la inmigración espontánea fue más que la organizada; el estado no seleccionó ni distribuyó a los inmigrantes. Esto tuvo como consecuencia que la inmigración no fuera en muchos casos tan calificada como era deseable y que su asentamiento no se hiciera en todo el territorio del país, concentrándose en Montevideo.

Durante la Guerra Grande, no solamente se interrumpió la inmigración, sino que muchos extranjeros se retiraron del país. Durante la guerra fue evidente la concentración de los inmigrantes en la ciudad de Montevideo, ya que la mayoría de la población y la mayoría de los integrantes del ejército del Gobierno de la Defensa, eran extranjeros, destacándose por su número los franceses.

LA INMIGRACIÓN EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO

Después de terminada la guerra recomienza la inmigración. Durante la guerra y en los años que la siguieron se produjo una inmigración muy especial que fue la de brasileños que se establecían en la zona norte del Uruguay cerca de la frontera con Brasil. Esta inmigración creó más dificultades que beneficios. En muchos casos se trataba de estancieros que compraron campos aprovechando su bajo valor durante la guerra. Estos estancieros llevaban ganado hacia sus estancias del lado brasileño disminuyendo los anímales del lado uruguayo y perjudicando a los saladeros que colocaban su producción en Brasil. Además no cumplían con las leyes del Uruguay y ante cualquier problema que tuvieran con el estado oriental, se presentaban ante las autoridades de Brasil para que estas presionaran sobre el gobierno uruguayo. A pesar de que la esclavitud había sido abolida (en 1842, aunque desde 1830 había ya libertad de vientres y no se permitía la introducción de nuevos esclavos) los propietarios brasileños usaban como peones mano de obra esclava.

En 1860 el diputado José Vázquez Sagastume denunciaba en el Poder Legislativo que: “ la ciudadanía oriental se está perdiendo en el norte del Río Negro… los usos, costumbres, el idioma, el modo de ser, todos es brasileño; puede decirse que es una continuación de Río Grande del Sur”.

En el transcurso de la segunda mitad del siglo hubo un cambio en la procedencia de los inmigrantes aumentando la presencia de españoles e italianos. La mayor parte de los españoles procedían de las islas Canarias, Galicia, las provincias vascas y Cataluña. En cuanto a los italianos muchos eran de Génova y de los territorios del sur (Calabria, Nápoles).

Para que los europeos se afincaran en el Uruguay, había que resolver los problemas del transporte, alojamiento y trabajo. Como había pasado en los primeros años de vida independiente hubo escasa intervención gubernativa;  del estímulo a la inmigración y organizar su traslado se encargaban particulares. Lo tomaban como un negocio, organizándose empresas de inmigración y colonización que a veces terminaban siendo maniobras especulativas. Como el estado no ejercía ningún control, había todo tipo de abusos: especulación con tierras, explotación de los inmigrantes, falta de selección de loa inmigrantes. La mayoría de los inmigrantes procedían de países técnicamente atrasados y eran mano de obra inexperta o no especializada, por lo tanto su aporte no era el mejor.

Es difícil precisar con exactitud cuáles fueron las ocupaciones a que se dedicaron con preferencia los inmigrantes. En parte dependió de su condición económica, pues una mayoría llegó sin capital, dispuestos a trabajar en cualquier actividad, hubo una minoría que, poseedores de algún dinero, adquirieron tierras o pusieron alguna empresa y trabajaron por su cuenta. También hay que tener en cuenta que muchos inmigrantes no venían con la intención de radicarse definitivamente, sino conseguir dinero y regresar a su país de origen. Pero las condiciones no siempre fueron favorables para su regreso y se quedaban para siempre.

La inmigración italiana se dedicó especialmente a la agricultura, constituyendo la población de quinteros alrededor de Montevideo y en Canelones. La inmigración española, especialmente la de Galicia, trabajó en el comercio minorista y como peones en los depósitos de lana y el puerto. Las mujeres gallegas se emplearon en el servicio doméstico. Los vascos, tanto españoles como franceses, tuvieron una importante participación en la explotación del ganado lechero.

La inmigración inglesa no fue muy numerosa pero fue importante su participación en el desarrollo económico. En el campo participaron en la modernización de las estancias, ya que invirtieron su dinero en la mestización y la cría de ovejas. En Montevideo dominó el comercio de importación. También fue importante su presencia vinculada a la instalación del ferrocarril, el gas, los tranvías y los teléfonos.

La escasa intervención del estado se manifestó en la búsqueda de integrar la inmigración con el trabajo agrícola. Después de la Guerra Grande hubo varios intentos de radicar inmigrantes en la campaña desarrollando la agricultura, lo cual se hacía con varios objetivos:

  1. a) Mejorar la producción en un rubro hasta el momento inexplotado como era la agricultura.
  2. b) Sedentarizar la población errante del interior.
  3. c) Pacificar la campaña, ya que se consideraba que las condiciones de explotación ganadera extensiva habían generado la presencia del gaucho y se veía a este como un elemento de inestabilidad.

En 1851, el médico francés Augusto Brougnes publicó un folleto en el que expresaba: “ …pocos años serían suficientes para lograr la prosperidad, sin hacer otra cosa más que entregar una parte del territorio a la inteligente actividad de la inmigración agrícola europea, pues está comprobado hasta la evidencia que las grandes naciones sacan hoy sus recursos de la agricultura”. Ponía como ejemplo el caso de Estados Unidos y señalaba que su desarrollo se debía a la presencia de inmigrantes dedicados a la agricultura.

Otro francés, el Ingeniero Penot, que acompañó al Presidente Giró en una gira que este realizó por la campaña, destacaba el papel pacificador que tendría la agricultura: ” … aproximad al hombre que vive de la nada y que de nada se sustenta, aproximadle al bienestar social, dejadle penetrar nociones de bien y de mal y vacilará en saquear los campos sembrados”.

Durante la presidencia de Giró se crearon varias sociedades interesadas en el establecimiento de inmigrantes agricultores en la zona del litoral. Por ejemplo hubo un proyecto de instalar una colonia de cría de ovejas merino y chacras de dieciséis hectáreas en la zona de Carmelo, habilitándose este puerto para que los inmigrantes introdujeran, sin pagar impuestos, artículos destinados a su establecimiento. También hubo un proyecto para radicar en los alrededores de las ciudades a las familias que habían quedado dispersas por la Guerra Grande. Pero la caída del gobierno de Giró puso fin a estos y otros planes.

Durante las presidencias de Bernardo Berro y Gabriel Pereira se intentó la creación de colonias y pueblos en la zona de la frontera con Brasil para intentar detener el establecimiento de población de aquel origen. Se temía que de seguir aumentando la presencia de brasileños al norte del Río Negro, aquel territorio pasaría a manos de Brasil.

Pero la inestabilidad política, la falta de tierras públicas para ubicar a los inmigrantes y los escasos recursos del estado, dificultaron los intentos. Sólo dos proyectos de instalar colon
ias agrícolas con inmigrantes tuvieron éxito: Colonia Valdense (1858) y Colonia Suiza (!861).

Recién en 1890 el estado va intervenir directamente en la regulación de la llegada de inmigrantes al crearse la Dirección General de Inmigración. La ley que creó a este organismo también establecía que se le darían facilidades a los inmigrantes para el pago de sus pasajes, atenciones gratuitas para sus primeros tiempos de radicación, colocación y traslado al lugar de trabajo. La ley también establecía discriminaciones: se impedía la entrada de africanos, asiáticos y gitanos.

CONSECUENCIAS DE LA INMIGRACIÓN

1) Aumentó la población.- La consecuencia directa y más visible de todo proceso de inmigración es el aumento de población del país que recibe a los inmigrantes.

Entre 1886 y 1890 se produjo el ingreso mayor de inmigrantes. A partir de 1890, año en que se hacen sentir los efectos de una fuerte crisis económica, hay un disminución del ingreso de inmigrantes e incluso la salida de muchos de ellos con destinos a otros países de América, en particular hacia Argentina. Luego, hacia 1900, el ingreso se reanudó.

Los extranjeros de origen europeo se radicaron con preferencia en Montevideo, contribuyendo al crecimiento de la capital, alcanzando porcentajes de cerca del 50% de la población de la capital. Por lo tanto la inmigración colaboró con el macrocefalismo del Uruguay.

2) Impulsó el desarrollo económico.- Los extranjeros radicados en Uruguay favorecieron el desarrollo económico. El aumento de la población provocó el aumento del consumo, generando un mercado interno que debía ser alimentado, vestido, etc, creciendo la demanda de productos que motivó a una mayor producción. Además los inmigrantes demostraron capacidad de trabajo y superación. Aunque la mayoría no poseía técnicas ni conocimientos desarrollados, la necesidad de sobrevivir los impulsó a realizar cualquier tarea, ser innovadores, ahorrativos e invertir sus ahorros en pequeñas empresas que les permitiera ascender socialmente. La frustración de muchos al no poder regresar a Europa fue sustituida por la posibilidad de ser parte de las clases dirigentes locales. Esto difícilmente se lograba en la primer generación de recién llegados, pero sus descendientes podían lograrlo.

La vinculación de los inmigrantes con el desarrollo económico se observa sobretodo en la inmigración inglesa, francesa y alemana. Los europeos que se alejaban de sus costumbres y se establecían en países lejanos y desconocidos poseían un espíritu de iniciativa fuera de lo común. El gusto por la aventura y el riesgo se mezcló con la iniciativa

empresarial de una mentalidad capitalista desarrollada. Sus inversiones en el campo y sus intentos exitosos de innovar en la explotación ganadera (cría de ovinos, mestización, cercos) influyó en la toma de conciencia de muchos estancieros nacionales de que la estancia era una empresa y no un feudo patriarcal.

3) Consecuencias culturales y políticas.- De la comparación con otros países de América resulta que Uruguay tuvo el porcentaje mayor de inmigrantes si los comparamos con la población nacional: 44% en 1860. El alto porcentaje de población extranjera y el hecho de que llegaran tempranamente a un país nuevo, permitió una rápida asimilación de los recién llegados.  Afirma Germán Rama que en realidad no hubo una asimilación de los extranjeros sino que “… la sociedad receptora fue ahogada por las migraciones… En vez de asimilación es necesario hablar de fusión de dos grupos en una nueva sociedad cuyas características no fueron propias ni de la sociedad receptora ni de los grupos migrados…”

La sociedad uruguaya, carente de una cultura indígena como los países andinos, fue creando su cultura, su forma de vida con los aportes de las migraciones. Desde las festividades religiosas y las supersticiones ( fiesta de San Cono, hogueras de San Juan, etc) hasta los alimentos (la pastas y la polenta introducidos por los italianos, etc) se puede observar la influencia de los inmigrantes. También fue significativo su aporte en lo ideológico y político: los inmigrantes europeos introdujeron en América el socialismo, el anarquismo y las primeras organizaciones obreras.

Para el historiador Ricardo Martínez Ces la inmigración cumplió un papel relevante en el triunfo del modelo batllista a comienzos del siglo XX. Según este autor los inmigrantes que venían huyendo de Europa donde se les negaba la posibilidad de ascenso social encontraban en Uruguay la posibilidad del cambio. “…Escapar a la suerte de campesino en el pequeño pueblo español o italiano, escapar del cruel y rígido servicio militar, escapar a la miseria y desocupación e incluso escapar de la propia familia y venir a dar a un país donde se podía empezar de nuevo, dónde había épocas en las que hasta era posible ahorrar libras esterlinas, fueron circunstancias como para hacer renacer la fe en la bondad humana. Hasta la carne, alimento de las clases privilegiadas en Europa, aquí se podía comer todos los días… El inmigrante que llegaba a hacer plata debía sentirse como si hubiera entrado en una sucursal del paraíso, lugar donde la gente además de justa era feliz…”

El período de predominio político de Batlle y Ordoñez (1903-1929), coincidente con un período de prosperidad económica, permitió a los inmigrantes progresar y ascender de clase e incluso a tener la posibilidad de que sus hijos concurrieran a la Universidad. Esto dio a los inmigrantes, según Martínez Ces, la ilusión de llegar a ser alguien. Y aunque no llegaran a serlo la ilusión mantenía latentes las esperanzas.

LA SOCIEDAD URBANA

Al concluir el siglo XIX los cambios demográficos anunciaban las nuevas formas de vida de la sociedad uruguaya. Se estaba produciendo definitivamente la inserción del país en los marcos del orden internacional diseñado y dirigido por Inglaterra (la modernización) sustituyéndose la sociedad oriental por una nueva sociedad que comenzaba a llamarse uruguaya, donde gran parte de sus miembros eran hijos de inmigrantes.

Al finalizar el siglo se había producido una modificación en la relación entre la ciudad-puerto (Montevideo) y la pradera (la campaña) con el triunfo definitivo de la primera. El proceso iniciado por los gobiernos autoritarios (1875-86) había consolidado el aparato administrativo del estado, asegurando la vigencia del orden a través de la ley (códigos Civil, de Procedimiento Civil y Penal, Rural, Comercial y de Minería) y de la fuerza (organización del ejército y de la policía) y unificando el país con el desarrollo de las comunicaciones (correo, telégrafo, ferrocarril). La estancia-empresa se imponía sobre la estancia cimarrona modificando los procesos productivos y las relaciones laborales.

Cada vez más la ciudad-puerto de Montevideo irá haciéndose el centro de las actividades principales, imponiendo las formas de comportamiento, la cultura y la educación que introduce desde Europa. Es el triunfo de la “civilización”.

LA “GENTE PRINCIPAL”

La clase alta residía en Montevideo. Estaba formada por la unión de los descendientes del antiguo patriciado con nuevos ricos e inmigrantes o hijos de inmigrantes que habían hecho fortuna. La integraban grandes terratenientes, grandes comerciantes e industriales, banqueros, gerentes y abogados de las empresas extranjeras. En muchas casos tenían actividades múltiples y era fácil encontrar comerciantes con estancia, acaudalados comerciantes dueños de saladeros, estancieros que eran dueños de barracas de lanas, etc.

Según Reyes Abadie y Vázquez Romero, los grandes estancieros eran sólo el 2% de todos los habitantes del campo pero eran dueños del 40% de las tierras. Muchos de ellos residían en Montevideo en forma permanente o alternaban su vida entre la campaña y la capital.

Los grandes comerciantes eran importadores y exportadores, hacían fortunas en las épocas en que se liberalizaba el comercio y aumentaban las importaciones de productos suntuarios. Eran enemigos del proteccionismo y en ese punto chocaban con los industriales.

Los grandes industriales eran los recién llegados. Una sociedad que durante mucho tiempo había despreciado las tareas manuales y todo lo vinculado a ellas aún miraba con recelo a estos nuevos ricos. Pero estos, generalmente inmigrantes, ya no eran artesanos independientes que trabajaban en sus talleres a la par de sus obreros. Hacia fines de siglo algunas industrias han enriquecido a sus propietarios y estos pasan a ser cada vez más respetados.

A estos sectores hay que agregar a los gerentes y administradores de las empresas inglesas establecidas en Uruguay. Dicen Barrán y Nahum: “Había en Montevideo una colonia británica con su club y su escuela exclusivos, su periódico “The Montevideo Times”, y su Iglesia Anglicana, el llamado Templo Inglés. Múltiples lazos se anudaron entre los inversores extranjeros y el capital nativo. Ambos tenían parte de su dinero colocado en títulos de deuda pública y por eso les interesaba la marcha de las finanzas y en manos de quien estaba la conducción del Estado. Ambos defendían principios similares sobre los que basaban su lucro y su concepción del mundo: libertad económica, horror a las reglamentaciones estatales y en particular al socialismo bajo todas las formas conocidas…”

Agregan los citados autores que los integrantes de esta oligarquía criolla frecuentaban los mismos lugares, los “aristocratizantes” Club Uruguay y Jockey Club, las funciones de ópera del Teatro Solís, las fiestas dadas por las damas de la misma clase social. La mayoría enviaba a sus hijos a colegios privados y a menudo religiosos, aunque consideraban que la religión era “cosa de mujeres”. Así los miembros de la clase principal “… se conocían, intimaban y, por fin, se unían”.

Esta clase alta imitaba los gustos y las modas europeas. A diferencia del antiguo patriciado, sencillo y austero, la “gente principal” de fines del siglo XIX tenía necesidad de hacer visible su status.  Por eso su afán se lucir su casa, ricamente amueblada y decorada. El desvelo por la decoración era un reflejo de la moda europea y era impulsada por intereses comerciales, transformando la casa en una especie de espectáculo, variado y recargado, con muebles, cuadros, estatuas, jarrones, porcelanas, cortinados, etc. La ostentación de la riqueza se conseguía a través de la calidad de los materiales; quien se preciara de ser rico tenía objetos de laca, ébano, marfil, mármol y plata.

Las diferencias sociales se podían observar no sólo en las casa y en la vestimenta. En la principal calle de Montevideo, Sarandí entre la Plaza Constitución y la Plaza Independencia, se volcaban todas las clases sociales para pasear y mirar vidrieras, pero la gente principal lo hacía por la acera norte, hacia donde daban los mejores comercios, y el resto por la acera sur.

Pasear por calles y plazas era una costumbre extendida a todos los sectores sociales. Pero la clase alta tenía más tiempo libre para hacerlo. Los días domingos y de fiesta se visitaban los parques. La quinta del Buen Retiro, luego conocido como Prado era un lugar preferido por las señoras de la clase alta y sus hijas “en edad de merecer”. Llegaban allí en sus carruajes y recorrían infinitas veces los senderos dl parque observadas por los mirones, para regresar al atardecer por la Avenida Agraciada. Encorsetadas y rígidas bajo sus enormes sombreros, las damas habían cumplido con el rito de “tomar aire” y saludar a sus amistades; las jovencitas retornaban ruborosas comentando los galanteos recibidos de los caballeros.

Las familias de clase alta concurrían a lo teatros donde ostentaban sus joyas y vestidos. A fines de siglo había cuatro teatros en Montevideo y el Solís era el más lujoso. Algunas de las divas del teatro europeo concurrieron a representar obras en estos escenarios montevideanos, como Sara Bernhardt o Eleonora Duce. Pero la ópera italiana era el espectáculo favorito. Las clases altas argentinas crearon una nueva costumbre que rápidamente fue incorporada por las familias de la “gente principal”: los balnearios. Familias argentinas construyeron chalets en la playa de los Pocitos, donde la empresa del tranvía había construido un hotel con terraza al mar e instalaciones para tomar baños. Instalaciones similares se levantaron en la Playa Ramírez y en Capurro.

En las dos últimas décadas del siglo XIX se formaron barrios residenciales donde pasaron a residir los integrantes de la clase alta que hasta el momento residían en el centro. El Paso del Molino, el Puente de las Duranas y el Prado fueron las zonas donde se levantaron magníficos edificios y quintas espléndidas donde residían familias de renombre como los Farini, Fynn, Victorica, Montero, Berro, Zorrilla, Paullier, Tajes, Salvo, Buxareo, Lussich, Lavandeira, Maeso, Ramírez, etc.

LAS CLASES MEDIAS

Los sectores que las componían se caracterizaban por el acceso a ciertas comodidades (cercanía del centro, viviendas con agua y luz y en algunas ocasiones sirvientes), posibilidad de acceder a la educación media e incluso a la superior y la seguridad de tener un sueldo (no depender de un jornal) o una empresa propia aunque pequeña y no realizar tareas manuales. Se estima que para fines del siglo XIX el 40% de los habitantes de Montevideo tenían esas características. Pero las clases medias no eran homogéneas y había diversidad de ingresos y comodidades.

En la parte más baja de estas clase medias se encontraban los empleados de comercio y los empleados públicos. Estaban próximos a las clases bajas por sus ingresos y sus largas jornadas de trabajo, pero intentaban diferenciarse de aquellos y se consideraban distintos de los habitantes pobres de los suburbios, “los orilleros”. Deseaban el ascenso social a través de un ascenso en su trabajo o logrando que algún hijo cursara una carrera universitaria.    Los empleados públicos estaban sometidos a los vaivenes de los cambios de gobierno y de los recursos que estos tenían, por lo tanto estaban sujetos a despidos, atrasos en los pagos y rebajas en los sueldos. Era frecuente que el atraso en cobrar los obligara a abandonar su trabajo o vender el “derecho al sueldo” a un usurero. Según los periódicos de la época era frecuente el abandono del cargo por parte de maestros y policías.  Cuando el gobierno se encontraba con problemas financieros un forma fácil de solucionarlo era bajando los gastos despidiendo personal.

Los empleados privados tampoco tenían seguridad de mantener su trabajo y eran frecuentes los despidos en represalia por hacer reclamos u organizarse. Los empleados de comercio no tenían descanso semanal porque se trabajaba todos los días. Comentaba un periódico en 1877 que“hay empleados de comercio que hace tres meses que no salen de sus tiendas, no teniendo un momento de paseo, no ya como goce natural y legítimo sino como una condición higiénica”.

El sector medio de las clase medias estaba integrado por pequeños comerciantes, almaceneros, panaderos, carniceros, muebleros, empleados públicos con cierto rango (jefes de oficina, profesores, maestros) y profesionales que iniciaban su labor y aún no tenían muchos clientes. Muchos de ellos no dependían de un salario y se sentían partícipes de la sociedad esperando el momento del salto hacia un mejor status. Los jerarcas públicos se consideraban seguros en sus puestos de trabajo y alardeaban de su libertad de pensamiento; algunos alardeaban de simpatizar ideas radicales, aunque la mayoría eran votantes colorados ya que a este sector debían su puesto público ( hacia casi medio siglo que el P. Colorado gobernaba). La mayoría de este sector vivía cerca del centro de la ciudad.

El sector medio alto convivía en el centro con la clase alta; muchos estaban vinculados por su actividad a la “gente principal”, como profesionales, gerentes, comerciantes de cierta importancia, industriales en ascenso, etc. Trataban de parecerse en gustos y costumbres a la clase alta, aunque a veces alguno de sus integrantes mostraba actitudes de disconformidad con el sistema social, sobretodo cuando se sentía despreciado por “los de arriba”.

LOS SECTORES POPULARES

Hacia el año 1900 los sectores de clase baja constituían el 50% e la población montevideana. Lo integraban modestos quinteros y peones de las zonas suburbanas, artesanos y obreros, sirvientes, soldados y policías, y se engrosaba permanentemente con los inmigrantes procedentes del exterior y los que provenían de la campaña desalojados por la modernización del campo.

Los que vivían en las zonas más alejadas del centro (las orillas) compraban un solar y construían su modestas viviendas; era allí donde estaban los centros de trabajo más importantes: los talleres del ferrocarril en Peñarol, las curtiembres en Maroñas y Nuevo París o los saladeros en el Cerro y el Pantanoso. También había sectores populares residiendo en el centro donde se podía alquilar a bajo precio una pieza en las llamadas casas de inquilinato o conventillos.  Los conventillos unas veces eran edificios proyectados para cumplir esa función, con el propósito de albergar en sus piezas a los inmigrantes recién llegados al puerto y que aún no tenían ubicación definitiva. En otros casos se trataba de antiguas casonas venidas a menos cuyas grandes piezas eran divididas por tabiques de madera. Hacia fines de siglo había más de mil conventillos en Montevideo, con unas 12 mil piezas donde se alojaban 30 mil personas.

En el conventillo y en las orillas se van a encontrar dos tipos humanos característicos de la clase baja: el “gringo”,que era el inmigrante del exterior, y el “compadrito”,que, las mayoría de las veces, era el inmigrante del interior.

El gringo, se entregaba a todo tipo de trabajo, trataba de ahorrar en base a sacrificios privándose de muchas comodidades, para instalarse por cuenta propia y “salir adelante”. Si prosperaba ponía un “boliche” o compraba solares baratos para hacer modestas construcciones y alquilarlas. Las ganancias obtenidas eran ahorradas para seguir invirtiéndolas y comenzar a su ascenso social.

El compadrito es el habitante de campo desplazado por el alambramiento y la modernización del campo. Se siente atrapado entre el campo alambrado (que ya no lo necesita) y la edificación del centro. Su ambiente natural es la orilla de la ciudad, el arrabal, el “bajo”. Sin trabajo y despreciando las tareas manuales de la ciudad, sin educación y sin posibilidades ciertas de cambiar de vida, será un elemento marginal. Altanero y prepotente se siente obligado a demostrar su valentía. El habitante del campo no necesitaba demostrar su coraje por que lo demostraba en las tareas cotidianas, enlazando, domando, etc. Este desplazado del campo a la ciudad, este gaucho sin caballo, compadrea, patotea y “hace pinta”, presumiendo de su coraje, su destreza con el puñal o su facilidad para atraer a las mujeres.

Estos dos elementos desplazados, los inmigrantes procedentes de Europa y los campesinos expulsados del campo, pronto comenzaron a entenderse. Se cruzaban en los patios de los conventillos o en los bailes de los arrabales. Hubo un intercambio cultural que desembocó, por ejemplo en un lenguaje nuevo, propio de ese ambiente de las orillas: el lunfardo, donde se mezclaba el idioma español con palabras italianas deformadas. La música que identifica al Río de la Plata, el tango, también le deberá mucho a esa mezcla.

Los obreros eran un sector en crecimiento a medida que crecía la industria. La política proteccionista impulsada por las leyes aduaneras llevaron a la inversión en pequeñas fábricas que generaron un nuevo tipo de empleo: los trabajadores industriales. Sus condiciones de trabajo y nivel de vida eran poco seguras ya que no había ningún tipo de protección al trabajador. Los salarios dependían exclusivamente de la demanda y oferta y la inmigración desde el exterior y desde el campo, presionaban los salarios hacia abajo.  Los horarios de trabajo promedio superaban las diez horas. En 1901 los tranviarios denunciaban que su trabajo era de 18 a 21 horas por día; los obreros de los molinos trabajaban 15 horas por día.En los años 70 se formaron los primeros sindicatos y en la década del 90 ocurrieron las primeras grandes huelgas. Una de las principales aspiraciones era la de reducir la jornada de trabajo.

Una de las principales fuentes de trabajo en la ciudad eran los saladeros. El salario por hora del trabajador especializado en los saladeros era elevado; pero como la faena era zafral, 6 o 7 meses en el año, apenas si podía mantenerse durante el tiempo que el saladero no trabajaba. Para recibir más salario en época de zafra debía trabajar a destajo, o sea durante muchas horas. En 1908 un obrero indicaba en el diario “El Día”:“¿Qué importa que se apruebe el proyecto del señor Batlle y Ordoñez y que la jornada de 8 horas sea un hecho, si subsiste el trabajo a destajo? Poco o nada. Esta clase de trabajo es un acicate de que se valen los patrones para hacer trabajar más, en menos tiempo y con más economías para él. Del trabajo a destajo se valen para graduar la resistencia de cada obrero y calculando por el que más resiste, fijan los salarios por lo que aquel haya producido sin tener en cuenta que todos no tienen las mismas aptitudes; de donde se sigue luego la selección, las envidias que dividen a los obreros, la lucha entre sí por el puesto, y como consecuencia la reducción del salario”.

La antigua costumbre de entregarle carne y un solar al obrero para que hiciera su vivienda desapareció al acentuarse el rasgo capitalista de las empresas. Con el frigorífico la carne se valorizó más y los saladeristas no daban “ni la sangre de una res”. El alquiler de una vivienda se convirtió en el gran gasto de los obreros. Las habitacionesd de los conventillos eran caras además de antihigiénicas. Un informe de 1908 señala que había un promedio de tres personas de habitación, y en ella se dormía, cocinaba, lavaba y tendía la ropa,  careciendo de agua corriente, electricidad y baño privado. La tina, el aljibe, el carbón y el querosene eran los recursos utilizados. Si se necesitaban dos piezas por tener un número elevado de hijos, cosa frecuente, el alquiler absorbía hasta el 40% del sueldo promedio de un obrero.

EL MOVIMIENTO OBRERO EN URUGUAY

 ¿Cómo reaccionaron los trabajadores frente a los problemas?  Las reacciones fueron diversas. La primera y más común fue la protesta espontánea y desorganizada. A ella recurrieron frecuentemente los empleados públicos, por ejemplo los empleados municipales de Montevideo y los empleados del Correo en 1873, los primeros por despidos y los segundos pidiendo aumento de sueldo.

 Un paso importante fue la creación sociedades de socorros mutuos o mutuales. Su finalidad era prestar ayuda a los miembros enfermos o imposibilitados de trabajar y para eso creaban un fondo común. La vinculación entre los trabajadores que creaba el mutualismo y la experiencia común llevó a las mutuales a transformarse en sindicatos. El fondo común se transformaba en “caja de resistencia” cuando se producía una huelga y los trabajadores no cobraban. Las primera mutuales fueron las ya mencionadas de los tipógrafos y la de los reposteros, la de los maestros, la de los albañiles, las de los tapiceros, etc.

Otro de los instrumentos usados por los trabajadores en sus reclamos fue la huelga. La primera huelga conocida en Uruguay correspondió a los carpinteros en 1876 que reclamaban mejores salarios y el reconocimiento de su derecho a formar un sindicato. En 1880 se produce la huelga de los mineros de Cuñapirú (Rivera) contra las condiciones de trabajo impuestas por la empresa francesa que extraía oro en esa zona. En 1884 se produce una huelga de fideeros que es llevada a cabo por todo el gremio.  En 1885 los tipógrafos se levantan en huelgan reclamando la disminución del horario de trabajo que llegaba a 14 horas diarias. Entre 1885 y 1895 hay una disminución del movimiento sindical y las huelgas y reclamos prácticamente desaparecen, se vivían los momentos de prosperidad y de ilusiones en el progreso (la “época de Reus”) previa a la crisis de 1890. Ese año se conmemoró por primera vez en Uruguay el 1 de Mayo en recuerdo a los “mártires de Chicago” pero los despidos y rebajas salariales que provocó la crisis no estimularon la actividad sindical que se había desorganizado. Recién en 1895 se vuelven a movilizar los sindicatos produciendose huelgas en la industria del calzado y en la construcción, reclamando aumento de salarios, reducción de la jornada de trabajo y reconocimiento del sindicato como representante de los trabajadores. En 1896 se desarrolla una huelga de portuarios que dura 26 días.

 Para esa época las organizaciones de trabajadores no sólo se dedicaban a hacer reclamos de mejoras en las condiciones de trabajo sino que, por influencia de las corrientes anarquistas y marxistas, realizan fuertes críticas a la sociedad y procuran generar una “ conciencia   de clase obrera” distinta a las otras clases sociales y con objetivos propios: crear una sociedad sin explotación laboral. A partir de entonces la actividad sindical tuvo un importante contenido ideológico, produciéndose incluso un fuerte debate entre las distintas corrientes acerca de la mejor manera de organizar a los trabajadores.

A comienzos del siglo XX el sindicalismo se organizo y levantó vuelo.

En 1901 y 1902 se organizan numerosas “sociedades de resistencia”, como se llamaba a los sindicatos, cuyos reclamos giraban sobre dos puntos: aumento salarial y reducción de la jornada de trabajo. El periódico anarquista “Tribuna Libertaria” decía: “No hubo trabajador en Montevideo que no se sintiera agitado por aquel soplo gigantesco de entusiasmo, que como un primer formidable estremecimiento de lucha pasó por todo el pueblo”. La publicación exageraba el apoyo popular que en realidad aún era reducido, pero lo cierto es que se organizaron diversos sindicatos por oficios: sastres, peones de barracas, albañiles, estibadores, foguistas, peluqueros, curtidores, zapateros, carpinteros, planchadoras, panaderos, peones de saladero, cortadores de carne entre otros.

Reclamando los dos puntos antes citados hubo huelgas entre los trabajadores de la construcción que estaban reformando el puerto de Montevideo, en los saladeros del Cerro y en la industria de la madera. En 1903 los zapateros se levantan en huelga reclamando aumento de salario y los canillitas hacen huelga contra “La Tribuna Popular” y “El Día” reclamando mejoras en las condiciones de venta de esos diarios. Durante el conflicto la policía se encargó de vender los diarios, hubo enfrentamientos callejeros resultando herido de bala un canillita y hubo detenciones y castigos corporales en las comisarías.

A diferencia de lo ocurrido en 1897, la guerra civil de 1904 no interrumpió la actividad sindical. En 1905 se habían desarrollado sindicatos en casi todas las industrias importantes de Montevideo (eso no quiere decir que todos los trabajadores estuvieran afiliados) y además había sindicatos en algunas ciudades del interior como Salto, San José, Paysandú y Mercedes. El sindicato de trabajadores ferroviarios cumplía una función importante como nexo entre los sindicatos de Montevideo y los del interior.

Desde sus orígenes la actividad sindical estuvo vinculada con las llamadas ideologías obreras (“las ideas perturbadoras” como decían los conservadores). A comienzos del siglo XX predominaba el anarquismo que había llegado a nuestras costas con los inmigrantes españoles e italianos. Tenían una interpretación radical de la lucha utilizando la acción directa y, a diferencia de los socialistas, no impulsaban a los trabajadores a organizarse en un partido político para acceder al gobierno. Aceptaban como única forma de organización la federación voluntaria de trabajadores libres (de ahí que también se les conociera como libertarios).

En marzo de 1905, por iniciativa de la Federación de Trabajadores del Puerto de Montevideo se reunió una asamblea de delegados de la mayoría de los sindicatos existentes para crear una federación de trabajadores. Esta se constituyó en agosto de ese año con el nombre de Federación Obrera Regional Uruguaya (FORU) primer central sindical del Uruguay que intentaba coordinar la actividad de todos los sindicatos y consagraba el anarquismo como fundamento ideológico. Al consagrar una doctrina determinada en su declaración de principios alejaba de su seno a los sindicatos en los que predominaba otra ideología que no fuera la anarquista (socialistas, católicos) lo que perjudicaba la unidad total de todo el movimiento obrero.

La lucha por las 8 horas.- En 1905 y 1906 se desarrollaron movilizaciones de trabajadores reclamando la reducción de horario de trabajo a un máximo de 8 horas diarias. En algunos casos las huelgas obtuvieron sus frutos y lograron que algunas empresas establecieran el horario reclamado. Pero dependía de la fortaleza del sindicato y no se lograba que la medida se extendiera en general a todos los trabajos. En 1907 ocupa la Jefatura de Montevideo Jorge West, dirigente empresario, que aplicó la represión sistemática contra las medidas sindicales tratando de quebrar al movimiento obrero. En 1908 fue derrotada una huelga de los ferroviarios y el sindicato de estos quedó prácticamente disuelto lo que debilitó a todo el movimiento sindical.

 Entre 1911 y 1913 se desarrollaron nuevas huelgas. La más importante fue la de los tranviarios que culminó victoriosamente luego de convocarse a un paro general de solidaridad en el que participaron más de 50 mil trabajadores. Teniendo en cuenta que en ese momento los trabajadores afiliados a los sindicatos que integraban la FORU eran sólo 7 mil, debemos sacar en conclusión que las organizaciones eran débiles pero su mensaje llegaba a muchos más trabajadores de los que estaban organizados.  Los trabajadores no sólo se comunicaban en su trabajo, también lo hacían en los lugares donde vivían ya que se concentraban en determinados barrios. En Montevideo las barriadas obreras se extendían por Peñarol (donde estaban los talleres ferroviarios), Maroñas y Nuevo París (curtiembres), Cerro y Pantanoso (saladeros y frigoríficos). También había una importante presencia de obreros en Paso Molino, Miguelete, Pocitos y en la zonas del Centro donde se hacinaban en los conventillos. De estas últimas zonas salían los obreros más combativos (portuarios, tranviarios, gráficos) tal vez por la concentración de miseria y la mayor ideologización. Analizando los resultados electorales se observa el predominio en estas zonas del voto hacia el batllismo y el socialismo, en cambio en los barrios obreros antes mencionados predomina el voto hacia sectores conservadores vinculados a las empresas. La explicación de esto tal ves está en la procedencia rural de muchos de los trabajadores afincados en aquellas zonas.

En 1913 el mundo entró en crisis económica y  fue un año terrible para los trabajadores uruguayos que soportaron despidos masivos y rebaja de sueldos. La lucha por las 8 horas se intensificó argumentandose a su favor no sólo la necesidad de mayor descanso para los trabajadores sino que habría más lugares de trabajo para ocupar ya que se repartiría el horario de trabajo. En las condiciones creadas por la crisis era muy dificil tener éxito utilizando el mecanismo de la acción directa contra los patrones que utilizaba el anarquismo. Por eso por fuera de los sindicatos afiliados a la FORU surgieron Comités Obreros que utilizaban otras estrategias para obtener resultados.

 En 1915 el Parlamento aprobó la ley que limitaba la jornada de trabajo a un máximo de 8 horas, luego de veinte años de lucha sindical. Se vivía entonces el “reformismo “ de Battle y Ordoñez que llevó adelante la consagración de diversas leyes (algunas quedaron en proyecto, otras se demoraron en aprobar) que daban respuesta a los reclamos obreros. Porque no sólo el horario de trabajo y los salarios preocupaban a los trabajadores. Un grave problema era el trabajo de los menores. Un censo de 1908 revela que el 18 % d los empleados montevideanos eran menores de 18 años. En 1911 había más de mil menores de 15 trabajando en la industria o el comercio. El trabajo de niños era importante en molinos, talleres d calzado, fábricas de sombreros, de fósforos, de tabaco, de galletitas, de ropa y de vidrio. Un informe de la Oficina de Trabajo de la época se refiere al trabajo infantil en las fábricas de vidrio: “ Falanges de niños de aspecto triste y enfermizo, vestidos pobremente, descalzos, trabajan jornadas de 8 horas soportando una temperatura media de 50 grados, acarreando las piezas elaboradas o abriendo y cerrando los pesados moldes en un ir y venir fantástico, tiznados y jadeantes…”. En 1910 el diputado socialista Emilio Frugoni denunció en la Cámara de Representantes que niñas de 10 de edad trabajaban en una empresa textil durante 10 horas diarias por 15 centésimos el día (el jornal promedio de un mayor superaba un peso diario).

LA SOCIEDAD RURAL

Los cambios producidos en la explotación ganadera dejaron su huella sobre la sociedad rural. Al tope de la escala rural se mantenían los grandes estancieros, cuyo poder económico provenía de la posesión de latifundios asegurada con el orden impuesto en el campo a partir de los gobiernos autoritarios. El alambramiento, el Código Rural, la policía de campaña, fueron algunos de los elementos que aseguraron la propiedad de los grandes estancieros, desalojando a aquellos que no podían demostrar sus derechos sobre la tierra.
La clase alta rural poseía campos mayores a las dos mil hectáreas. Según cálculos efectuados en la primera década del siglo XX, unos 250 propietarios poseían campos mayores a cinco mil hectáreas, ocupando el 20% del territorio del totla de los campos del Uruguay.

Según la forma en como encararan la explotación había dos tipos de estancieros. Unos innovadores, radicados especialmente en el litoral y en el sur tomaban la estancia como una empresa donde los cambios en la explotación del ganado aseguraban un mayor rendimiento. Los otros, tradicionales, radicados en el norte y el este, particularmente en los departamentos fronterizos, mantenían la explotación extensiva de ganado vacuno criollo. Muchos de estos eran brasileños. En Artigas, Salto y Rivera el 40% de los hacendados eran de ese orígen. Estos estancieros tradicionales permanecían, por lo general, en sus estancias, a diferencia de los otros que residían en Montevideo o en las capitales departamentales.

A ésta división hay que agregar otra en las primeras décadas del siglo XX. El nuevo modelo económico que iba penetrando con lentitud en la campaña (mestizaje, cría de ganado para abastecer el frigorífico) determinó que dentro de la clase alta rural se formara un grupo dedicado a una explotación especializada en reproductores para mestizar (cabañeros) y otro dedicado al engorde en campos con abundante pasto y cercanos a los frigoríficos (los invernadores). Estos tenían intereses particulares que a veces eran distintos a la del resto de los grandes estancieros. Esto creo tensiones dentro del hasta entonces unido sector latifundista. Los estancieros que querían mestizar dependían de los cabañeros y de los precios que estos pusieran a sus toros de raza. Por su parte los invernadores sacaban ventajas de que los frigoríficos necesitaban ganado con abundante carne en cualquier época del año y no todos los estancieros tenían buenas pasturas. Por lo tanto los invernadores compraban ganado barato a los otros estancieros para engordarlos y venderlos a mayor precio a los frigoríficos.

Había una clase media rural formada por estancieros medianos y arrendatarios cuya situación era inestable. Muchos estancieros medianos y aún pequeños sobrevivían con la explotación ovina que no requería gran cantidad de campo y daba buena ganancia en los momentos de auge de los precios de la lana.

También a los sectores medios pertenecían los productores agrícolas ubicados preferentemente sobre el litoral y el sur del país. Este sector creció con la incorporación de tierras a la agricultura (de 200 mil hectáreas en 1878 a 450 mil en 1900). Eran sobretodo productores de trigo y maíz, así como de hortalizas y verduras para el consumo de las ciudades. Cerca del 50% de los agricultores eran arrendatarios y un porcentaje alto de los propietarios era minifundista. Gran parte de estos agricultores, debido a la insuficiencia de tierras, al atraso tecnológico, la baja productividad y el agotamiento del suelo, vivían en una situación de miseria y desamparo. ¿Por qué, si apenas subsistían con ella, se dedicaban a la agricultura? Los historiadores Barrán y Nahum consideran que no había otra actividad donde ganarse la vida en el campo; para la ganadería había que tener cierto capital inicial y además ya no había más tierras disponibles; la industria recién comenzaba y le alcanzaba la mano de obra que había en la ciudad que aumentaba permanentemente por la llegada de inmigrantes; y el estado aún no se había desarrollado como para generar puestos de trabajo como ocurrirá en el siglo XX.

EL PROLETARIADO RURAL

Por debajo de estos sectores medios se encontraba el “pobrerío rural” afectado por la desocupación y la baja de los salarios que habían sido provocados por la modernización del campo. La desocupación era una consecuencia de los cambios técnicos: el alambramiento y la introducción de máquinas de esquilar que dejaban sin trabajo a quienes realizaban tareas ganaderas; el ferrocarril había dejado sin trabajo a los carreros y troperos. La desocupación era más acentuada en las zonas de predominio de cría de vacunos y menor en las zonas dedicadas a la cría de ovejas por que estas requerían más personal.

La desocupación aumentó la oferta de mano de obra y como consecuencia la caída de los salarios. Esto se agravó por el aumento del costo de vida y algunos trabajaban sólo por la comida. Las personas innecesarias en las estancias se trasladaron a los suburbios de las ciudades o se establecían en pequeños y míseros pueblos conocidos como “pueblos de ratas”. Allí eran comunes las uniones temporales, sin matrimonio permanente, los hijos ilegítimos, el analfabetismo y la mortalidad infantil. Las posibilidades de escapar a la miseria eran pocas porque pocas eran las oportunidades laborales: changas zafrales en las estancias o en las plantaciones, la reparación de caminos, el ingreso al ejército o la policía. En ocasiones las salidas eran al margen de la ley: el robo de ganado (los matreros) o dedicarse al contrabando desde la frontera con Brasil.

Según los datos obtenidos en un censo del año 1908, Barrán y Nahum deducen que el proletariado rural, compuesto por peonadas y sectores marginados sin ocupación fija, constituían el 65% de la población rural. El proletariado era numericamente débil comparado con otros países latinoamericanos y ello se debía a la explotación ganadera extensiva que requería escasa mano de obra (un peón cada mil hectáreas, según cálculos de la época). Además los sectores trabajadores del campo estaban dispersos en enormes extensiones de tierra lo que dificultaba su organización y le quitaba peso en la sociedad. No tenía la conciencia de formar un sector social con intereses propios y por lo tanto no aspiraba a cambiar su situación. Luis Alberto de Herrera, en un informe que realizó para Federación Rural en 1920, anotó que la mayoría de los peones no ambicionaba nada “vegeta, no ahorra, piensa poco, no establece diferencias entre el presente y el porvenir; vive al día”. El peón podía ser considerado por los hacendados como “insolente” y “vago”, pero no peligroso socialmente.

Esta actitud era aprovechada no sólo por los patrones rurales, sino por los de la ciudad, que contrataban pobres del campo cuando los obreros hacían huelgas. Tal lo que ocurrió en 1905 en la huelga de los saladeros, las barracas y el puerto. Muchas huelgas fracasaron cuando las tareas de los obreros eran hechas por los marginados rurales traídos expresamente con esa misión.

En el campo los salarios eran más bajos que en la ciudad y el trabajo seguía siendo como siglos atrás de “sol a sol”. La jornada se iniciaba a las cuatro y media  de la mañana y concluía a mediodía, reiniciándose a las dos de la tarde hasta las 7 de la noche. Una de las razones que alegaban los estancieros para pagar salarios bajos era que se encargaban de la alimentación de los peones. Pero esta era monótona y a veces escasa: puchero de oveja con fariña (pirón) o asado a mediodía; de noche guiso de arroz o porotos. En la mesa del peón abundaba la carne pero faltaba fruta y verdura. Era una alimentación rica en proteínas y grasa y pobre en vitaminas. La alimentación, el frío y las cabalgatas ocasionaban enfermedades renales y reuma. En la mayoría de las estancias no había baños ni servicios sanitarios y, según una crónica del año 1916 “se utiliza muy poco jabón”.

A partir de 1905 se incrementaron las fuentes de trabajo en el campo. Las causas fueron varias: el crecimiento de la agricultura, la expansión de la cría de ovinos y el desarrollo de la lechería. Fuera de la actividad productiva rural, la mano de obra de la campaña encontró empelo sirviendo al estado: el ejército y la policía duplicaron sus integrantes entre 1903 y 1914. El batllismo vio en ello la mejor solución contra las revoluciones blancas: por un lado aumentaba el número de soldados del gobierno y por otro dejaba sin soldados a los adversarios disminuyendo una de las causas que movilizaba al pobrerío: el estómago vacío.

La construcción de carreteras en el sur del país y de líneas férreas en el litoral y el este creó fuentes de trabajo para el pobrerío rural. También la creciente industria de Montevideo quitó mano de obra al campo. La Cámara Mercantil de Frutos del País advertía en 1911: “La ciudad atrae demasiado con sus comodidades, con sus lujos, con sus desbordes, en todas las manifestaciones de la vida. Hay que atenuar, pues, los rigores de la vida rural”. Y los estancieros de Paysandú se quejaban en 1913: “Antes había gente que se iba ofreciendo en campaña como peón en las estancias, hoy, en cambio, es el propietario el que debe procurarse los peones que necesita” y reconocían que el hombre de la campaña “ha emigrado del campo para establecerse en las ciudades, atraído por una remuneración más halagadora”.

Pero este reconocimiento del mejor salario urbano no significó que mejorara el salario rural. Mientras entre 1905 y 1913 el precio de la carne vacuna aumentó 150%, el sueldo rural se elevó un 60%. Con un salario de 1905 un peón necesitaba 3 meses para comprar un novillo vendido por su patrón al saladero; en 1913 necesitaba 5 meses de sueldo para comprar ese novillo que su patrón ahora seguramente vendía al frigorífico. No había relación entre los precios de lo que los estancieros vendían y el salario que pagaban.

LOS POBRES MAS POBRES

Si mala era la situación de los peones, peor era la de los marginados sin empleo que habitaban las zonas del latifundio en el norte del país. En Salto, Artigas, Tacuarembó, Cerro Largo y Rivera se encontraban aquellos que el avance tecnológico había dejado al margen de la sociedad. Sobretodo un avance tecnológico que se había detenido a mitad del camino: estancias alambradas pero sin cultivos ni praderas mejoradas, territorios donde el ferrocarril había barrido con los troperos pero no había creado otras fuentes alternativas de labor. En las orillas de los pueblos, en los caminos, en las orillas de algún latifundio o en alguna tierra que estaba en litigio, se formaban rancheríos conocidos como “pueblos de ratas”. Los nombres que les daban eran pintorescos y algunos irónicos: Sacachispas, Las Casillas, La Paloma, La Humedad, Las Ratas,  El Carancho, La Capilla, Pueblo de Dios, entro otros.

Las viviendas no llegaban a ser un rancho de barro y paja, sino una miserable choza cubierta con latas, ramas, trozos de cuero o pedazos de poncho; era una única habitación “en donde duermen en promiscuidad los padres y los hijos, que por una gran casualidad podrán bajar de ocho”. A veces tenían gallinas y plantaban unos granos de maíz. Un Juez de Paz informaba en 1910: “He visto muchas veces a las mujeres labrando a fuerza de azada fracciones de tierra que no alcanzaban a cincuenta metros para poder plantar algo de maíz. A tales extremos se reducen. ¿Qué puede producirles el cultivo en semejantes condiciones? Y así viven en verdaderos chiqueros, hasta que un día son desalojados y salen a rodar por los caminos”.

A veces quienes vivían en el rancherío era la familia de los peones. Los estancieros, en general, no admitían al peón casado y con hijos; el resultado era que la mujer y los hijos se establecían en el rancherío. De esa manea la familia se disgregaba y la relación matrimonial se volvía inestable. También vivían en los rancheríos los trabajadores zafrales como los esquiladores, cuyos brazos sólo se necesitaban entre setiembre y diciembre cuando había esquila de ovejas. La existencia de actividades zafrales originó el “siete oficios”, hombre que se desempeñaba en diversas tareas: esquilador, domador, alambrador, etc. Los minifundistas que no podían mantener sus pequeños campos (frecuentemente atacados por las inclemencias del tiempo y la langosta) también terminaban en el rancherío, sino se marchaban hacia las ciudades.

El analfabetismo, la mortalidad infantil, el altisimo consumo de alcohol y el juego, eran inseparables de la vida de los más pobres. En los rancheríos no había escuela ni atención médica, pero frecuentemente había algún “boliche”. Sobre los “vicios” de aquella gente expresan Barrán y Nahum: “El consumo de alcohol compensaba las deficiencias calóricas y era junto al juego, un intento de escape. Las bebidas adulteradas y baratas minaban la salud pero facilitaban una momentánea sensación de euforia y dominio; el juego encarnó un sistema de valores reflejo de una vida en que lo razonable nunca fue premiado. Los grupos sociales confían en la suerte cuando la estructura económica y social les hace depender del azar”.

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Uruguay: formación de la república

001-la-republica-comercial-pastoril-y-caudillesca 1830: Se establece la primera Constitución del Uruguay, con lo cual según Zum Felde, se produce “el nacimiento oficial de su entidad jurídica, así en el orden interno como en el internacional”. Esta Constitución establece un régimen republicano presidencialista, un Poder Legislativo Bicameral, crea la Alta Corte de Justicia, fija los derechos individuales, establece la religión Católica como la oficial pero hay libertad de cultos crea un régimen administrativo centralizado, elección del presidente por la Asamblea General, etc..
Esta Constitución es aplicada en un Estado que no tenía fijados aún sus límites.
Según Zum Felde, en este año, “la realidad social del país es caudillesca”. Este autor define al caudillo como un “gaucho como los demás, por sus sentimientos y hábitos, pero más inteligente, más enterado, más enérgico, más emprendedor, su prestigio le viene de la superioridad de sus condicione respecto a la masa. El gauchaje deposita en él su confianza política”. Según esta caracterización de un caudillo, la presencia de esta figura en la historia del recién nacido Estado Oriental del Uruguay se remonta a inicios de las luchas revolucionarias y se mantiene durante todo el siglo XIX, incluso en los primeros años del siglo XX con la figura de Aparicio Saravia, “el último caudillo gaucho” según Zum Felde.
En torno a la figura de los caudillos es que surgen los “bandos bélico-políticos” (Blanco y Colorado), considerados como embriones de los llamados partidos tradicionales.
Después de la Guerra Grande (1839-51) sostiene Zum Felde, estos bandos están más definidos y opuestos que antes.
Estos bandos “bélico-políticos”, van a protagonizar durante el siglo XIX numeroso enfrentamientos armados por el poder.

1851: En este año finaliza la “Guerra Grande” conflicto que involucró durante las distintas etapas de su desarrollo a Uruguay, Argentina Brasil, Inglaterra y Francia.
Este conflicto que comienza en 1839 como un conflicto interno del Uruguay y luego se internacionaliza, refleja lo que era la forma de hacer política en el Uruguay en el siglo XIX, es una mezcla de lo caudillesco (lo rural) y lo “doctoral” (lo urbano).
Los bandos “bélico-políticos” aparte de estar integrados por los caudillos rurales, también lo estaban por los elementos doctorales de la ciudad. Estos últimos discrepaban totalmente con la forma de hacer política de los caudillos rurales, a tal punto que se unen los elementos doctorales de ambos bandos contra los elementos caudillistas en más de una oportunidad. De este modo, en el siglo XIX uruguayo hubo 2 tipos de conflicto que involucraron a los bandos: el enfrentamiento mismo entre los bandos y el enfrentamiento entre los “doctores” y los caudillos, es decir, 2 formas distintas de hacer política.
Finalizada la Guerra Grande (1839-51) y debido a las consecuencias económicas, políticas, etc., que esta causó, es llevada adelante por parte de los doctores de ambos bandos, la llamada “política de fusión”; con ella se buscaba la pacificación del país mediante la eliminación de las divisas. Frente a esto, los caudillos llevaron adelante la llamada “política de pactos” por la cual, los caudillos de ambos bandos (quienes poseían el poder político real) acordaron mantener la paz.
A pesar de que hubieron algunos enfrentamientos armados, el país vivió una relativa paz, lo que permitió en alguna medida, la recuperación económica del país por el aumento de la producción ganadera (bastante perjudicada por las guerras civiles).

1860: Aumentó de inversiones extranjeras y de la producción lanar, lo que permitió la mejora de la economía del país y la diversificación de los productos exportables del país: cuero, tasajo y lana. Estos avances económicos se veían entorpecidos por las guerras civiles, por lo que la paz interna era anhelada por los comerciantes (“alto comercio de Montevideo”, por los estancieros y por los inversionistas europeos.

1872: Lorenzo Latorre asume el poder como gobernador provisorio, dando inicio así al período denominado como “Militarismo” que duro hasta 1886 y caracterizado por la intervención de los militares en el poder. Con Latorre se inicia también la llamada “modernización”.
Latorre llega al poder durante un período de crisis económica y política; es impulsado al poder por los estancieros (reunidos en la Asociación Rural del Uruguay), por el “alto comercio montevideano” que necesitaba una moneda respaldada en oro (lo que no ocurría en ese momento ya que estaba vigente el curso forzoso de papel moneda, es decir, sin respaldo en oro), y con apoyo también del ejército.
La “modernización” abarcó distintos planos: el económico (fomento a la producción ovina, alambramiento, etc.), el político (un Estado eficiente, que protegiera la propiedad privada, que fuera efectiva su autoridad en todo el territorio del país, etc.) y el social (educación: reforma vareliana).
A esta “modernización” como la llaman autores como Nahum, Caetano y Rilla, podemos llamarla también (como sostiene Barrán en su obra “Historia de las Sensibilidades”), el “disciplinamiento”.

1890: Crisis económica a raíz de una sucesión de problemas climáticos (primero lluvias intensas que afectaron la producción ovina y luego 2 años de sequía que afectaron a la ganadería) y a la caída de los precios de los productos exportables (debido a la onda depresiva de la economía mundial entre 1873 y 1895) y de problemas financieros (quiebra del Banco Nacional). En este año asume como presidente Julio Herrera y Obes, volviendo (luego de la presidencia de “transición” de Tajes) los civiles al poder (“Civilismo”).

Leer:

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CLASES SOCIALES

Las diferencia extremas raciales y  de clase  que hubo no fueron tan extremas como en otras regiones de América. Hay que recordar que la eliminación de los indigena era un por intento de ordenar el campo y evitar así las pérdidas de ganado.

La clase dominante esta formada por “una oligarquía mercantil–agraria” (““doctores” y “caudillos”, estos últimos dueños del efectivo poder durante la etapa”) Este sector se vinculaba entre sí por lazos familiares, generando un grupo reducido. Ideológicamente los intelectuales son liberales. y cosmopolitas lo que no implica  que sean democráticos.

La mayoría de la población era “ un abigarrado conglomerado de clases y etnias dominadas.”En el campo, vivía una población mestiza, mulata y negra, junto a los blancos que solo parcialmente  sometida al peonazgo. Existían “ los “hombres sueltos” no sometidos y el bandidismo rural que la debilidad estatal y las guerras incrementarían una y otra vez.” (SALA –ALONSO)

Los caudillos eran los dirigentes políticos del medio rural. Muchos de ellos poseedores de grandes extensiones de tierra y todos con una gran influencia sobre los hombres de la campaña. Se destacaban por ser buenos jinetes, conocían los caminos, comparte las costumbres del gaucho: mate, asados, juegos, y hábiles en el manejo del lanza y el lazo. Interpretaron de forma instintiva las necesidades de las masas rurales.
Los caudillos recibían el apoyo popular, logrando la adhesión para las divisas que representaban.
Si bien no tenían un programa que defendiera los intereses de los más desposeídos, muchos seguidores lograron acceder a la propiedad de la tierra debido al favor de los caudillos.

Los doctores eran los principales dirigentes políticos de la ciudad de Montevideo. Tenían una formación universitaria, la mayoría de ellos eran abogados, provenían de las familias más ricas de la sociedad y estaban unidos culturalmente a Europa. Estaban formados intelectualmente en las ideas del Liberalismo Europeo de siglo XIX: fueron quienes quisieron imponer un nuevo modelo de país donde se respetara la constitución, con una economía moderna.
No contaban con el apoyo de la mayoría de la población a quien estos doctores no tenían en sus planes. Durante el siglo XIX se enfrentaron a los caudillos los que criticaban por su forma de actuar fuera de la ley y por su inclinación por las revoluciones armadas. Adaptado de Cabanilla, S.; Gutiérrez ,M. “Comprender el Uruguay actual” Ed.Monteverde.Mdeo.2000.

Migración interna urbana supera éxodo campo-ciudad en América Latina, señala CEPAL
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La migración interna, definida como el traslado desde una división administrativa a otra dentro del país, supera en América Latina al éxodo campo-ciudad, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Según los censos de 2000, una de cada tres personas reside en un municipio diferente al que nació, y casi una de cada diez cambió de municipio de residencia en los últimos 5 años del siglo XX.

De mantenerse estos niveles, las personas de la región, en promedio, cambiarían su municipio de residencia al menos una vez en la vida. Sin embargo, según el estudio, “el avance de la urbanización regional ha modificado el perfil de los migrantes internos, que ahora se mueven mayoritariamente entre ciudades o dentro de ellas”.

Si bien las ciudades principales siguen siendo atractivas en la mayoría de los países, casi todas aquellas de 5 millones o más de habitantes han pasado a ser expulsoras de población. Así, la migración interna está propiciando la consolidación de un sistema de ciudades más diverso y menos asimétrico, que es más favorable para el desarrollo económico y social.

Sin embargo, la búsqueda de mejores oportunidades por parte de los migrantes y este mayor atractivo de los espacios subnacionales más desarrollados siguen profundizando el estancamiento rural. El flujo campo ciudad persiste y, de hecho, es la razón para el nulo crecimiento de la población rural de la región.

Los sectores rezagados en materia socioeconómica, como el campo y las áreas indígenas, suelen ser expulsores de población, la que, además, tiende a ser joven y calificada. Esta emigración “agrava la situación de esas zonas y afecta negativamente a quienes permanecen allí, lo que constituye una trampa territorial de pobreza”, señala el informe de la CEPAL.

La migración interna sigue registrando niveles importantes en los países de la región, pero las cifras han caído ligeramente desde la década de 1980. Esta sorpresiva tendencia puede deberse a procesos de sustitución de la migración interna por la internacional; desplazamientos diarios para trabajar o estudiar; aumento de la vivienda propia; teletrabajo, entre otras razones. Se descarta, que se deba a una reducción de las desigualdades territoriales dentro de los países.

En 1830 Uruguay tenía una baja densidad demográfica, se calcula que la población era cercana a 74.000 habitantes (14.000 en Montevideo y el resto en el interior), con un promedio de un  habitante cada 2.5 Km. Las fronteras estaban mal definidas y existía una zona de litigio con el imperio brasileño (que terminará de definirse con los tratados del 51).

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La zona del Río de la Plata comenzó a ser colonizada tardíamente y la Banda Oriental del río Uruguay fue la última en incorporarse al sistema colonial hispano. La ciudad puerto de Montevideo conforma el sitio por el cual se exporta primero el cuero y el sebo, luego el tasajo, y se importan los productos necesarios para el consumo de subsistencia y suntuario. La “vaquería del mar”, como será bautizada la banda oriental del río Uruguay, fue el escenario de disputas intercoloniales siendo la explotación del cuero primero y la carne después el motor que llevó a conflictos diplomáticos, militares y económico entre los latifundistas, barraqueros y comerciantes orientales, las élites porteñas y los terratenientes riograndenses del sur del actual Brasil.

El nacimiento de Uruguay a la vida independiente hacia 1830 es un proyecto aceptado por las clases dominantes, comerciantes de Montevideo (nacionales y extranjeros) y terratenientes del interior fuertemente relacionados entre sí, que deja de lado los postulados de la revolución artiguista de federalismo y justicia social.

En efecto, el proyecto llevado adelante por Inglaterra es la creación, sobre bases muy poco sólidas, de un estado tapón entre Argentina y Brasil con la finalidad de evitar la posesión de ambas márgenes del río Uruguay por parte de Argentina (asegurándose la libre navegabilidad de los ríos interiores para su comercio) y la extensión de Brasil hasta las orillas del Río de la Plata (evitando darle un puerto adecuado de salida a la producción del sur.) Además, a la potencia europea, con la mayor flota de guera del mundo durante un largo período, le resultaba conveniente un pequeño puerto marítimo como Montevideo para ser utilizado por sus comerciantes y por sus navíos.

La nueva estructura política nacía en medio de un vacío demográfico con una base social inestable: estas débiles bases para la construcción de un Estado inciden en una primera etapa de extrema conflictividad y falta de organicidad con una enorme injerencia del Brasil imperial y una Argentina dividida en lucha por el stock ganadero del país que, sin embargo, aseguran una injusta distribución de la tierra en pocos y grandes terratenientes. El comercio exterior y, más importante por su rendimiento económico, el comercio de tránsito de las provincias del norte y litoral argentinos es también controlado por pocos y grandes comerciantes. Pero la inserción internacional se mantuvo en los débiles niveles de la colonia, basado en la exportación de cueros y tasajo y en la importación de los bienes de consumo y suntuarios no producidos internamente.

Para el comerciante montevideano, durante buena parte del siglo XIX existió un “país grande” constituido por el espacio geográfico que le proporcionó su papel  en la intermediación en la cuenca del plata, reflejo de la ciudad “hanseática” que diseñó el Imperio Británico al promover la independencia uruguaya (Jacobs,1996). A su vez los bajos costos de producción de la ganadería, con alimentación del ganado exclusivamente con pasturas naturales en grandes extensiones con bajas dotaciones de personal generaron una exportación rentable de cueros y tasajo.

La guerra marca la impronta de las primeras décadas de existencia independiente hasta que las presiones del naciente mercado mundial promueven el proceso de modernización y consolidación capitalista en la década del 70, proceso en el que se consolidan los Estados nacionales en el cono sur americano.

La economía de Uruguay conoció en la década de 1860, previa al período donde centraremos nuestro análisis, una fase de auge debido en lo interno a la expansión del ovino, la consolidación de la producción de tasajo, el apogeo del comercio de tránsito y la utilización de Montevideo como base de abastecimiento de las fuerzas brasileñas durante la tristemente recordada Guerra de la Triple Alianza. En el ámbito internacional, los términos de intercambio experimentaron una mejoría importante debido a la reducción de los costos de transportes en las importaciones y al aumento de la productividad en los países originarios de esas importaciones.

Pero el Uruguay entre 1860 y 1875 se caracterizó por un fuerte desequilibrio de su balanza comercial a lo que hay que sumar el servicio de la deuda externa y el pago de dividendos de las inversiones extranjeras, con lo cual y a pesar o como causa del crecimiento económico la balanza en cuenta corriente fue fuertemente deficitaria. La financiación mediante créditos del exterior se vio restringida a partir de 1873 debido a la desconfianza en las posibilidades uruguayas y, posiblemente de mayor importancia, a la “gran depresión” mundial que se inició ese año y que describiéramos en la primera parte de este capítulo. La estructura tradicional de explotación agropecuaria y comercio importador, sustentado en lo político por el caudillismo, llegaba a su fin. La crisis estalló entonces con crudeza y afectó no sólo el ámbito económico sino el social, político e institucional. En lo referente a la dimensión política implicó el comienzo de una sucesión de gobiernos militares que permitió acelerar la baja de los salarios reales, como acción deliberada en el caso del gobierno de Latorre para disminuir el déficit fiscal o como efecto de la desocupación en el caso de los trabajadores privados en los gobiernos que le siguieron, ya que Uruguay a diferencia de Argentina había superado la original escasez de mano de obra en el momento de su formación como países independientes.

Se han seleccionado una serie de textos, imágenes, cuadros que permiten sintetizar los rasgos salientes de dicho período.

Aspectos económicos – sociales en las primeras décadas del Uruguay independiente.

Texto1: El historiador José Pedro Barrán realiza la siguiente descripción sobre el paisaje:

“El    Uruguay de 1800  a  1860  no tenía  casi puentes, ni  un solo kilómetro de vías   férreas,   los ríos separaban las regiones en el invierno durante meses, las diligencias demoraban cuatro o cinco días en unir Montevideo con la no muy lejana Tacuarembó.

La noche era invencible. Las velas alumbraban poco (…). El calor y el frío eran ingobernables; el carbón vegetal y la leña, únicas fuentes de calefacción, aliados con los ladrillos calientes en las camas, resultaban insuficientes en invierno. El frío era el estado natural de todos los habitantes entre mayo y setiembre y por eso deseaban tanto el veranillo de San Juan. El ojo contemplaba muy pocas cosas que se debiera al hombre. Los sembrados eran pequeñas islas verdes en torno a no más de diez villas y ciudades. Lo edificado en éstas era escaso y la naturaleza se colaba, penetraba por  doquier, y la continuidad de la edificación no era frecuente sino en torno a las plazas principales.

Pero no eran solo las cosas del hombre las escasas, lo era también el hombre, como que el país en 1800 tenía unos20.000 o 30.000 habitantes (…)

La naturaleza era agresiva con el hombre. Los ríos no se podían vadear sino en puntos determinados y sus saltos y corrientes no habían sido disciplinados. Las ciénagas, los esteros y los bosques abundaban (…)

El   aspecto   de   Montevideo   merece   una   consideración especial.  Era la capital, el primer puerto natural del Río de la Plata. Uno esperaría allí un paisaje más humanizado. Lo estaba sin dudas, en relación a lo rural, pero ¡cuán poco en relación al de hoy! (…)

Hasta 1868 en que tal vez un edicto logró prohibirlos definitivamente, los cerdos merodeaban en las calles y en ciertos huecos que se hicieron por eso famosos. Tal hecho hizo que la Junta de Higiene propusiera en 1855: Para que en las calles no haya charcos de orines y de inmundicias se prohibirá hacer las necesidades en ellas, y para conseguirlo se fijarán avisos en aquellos parajes donde se halla hecho costumbre   orinar   y   se   encargaran   celadores   para   la vigilancia.

Las fuentes de olores eran variadas.

Montevideo, depósito de los productos de un país ganadero- cueros,   abundante   carne,   tasajo-   ya   desde   el   período colonial gozaba  de  mala  fama    por el olor de  los  cueros apilados en los huecos, por la carne putrefacta tirada en las calles por haber caído de carros que la conducían a los expendios y que nadie recogía por su escaso valor, por los mataderos demasiados cercanos al casco urbano, al grado que el cabildo en 1800 compartió la opinión de los “facultativos” y atribuyó al abundancia de las “exhalaciones (…)   la principal causa de las epidemias temporales que se padecen, de que la tierna juventud se crie enteca y débil” .

La matanza de los enormes perros abandonados o salvajes (o rabiosos) por los celadores de la policía, provocaba también exhalaciones. Los cuerpos de los perros eran abandonados por las calles días enteros y en el verano al prensa comenzaba su retahíla de quejas.

La fiesta de los sentidos no solo se nutría de olores.

Las fuentes de sonidos eran escasas y casi todas naturales: el hombre, los animales, el agua, el viento y las tormentas, sólo los carros y carretas con sus golpes sobre alguna calle empedrada escapaban a esta regla. Pero en realidad lo que volvía fino y alerta al oído era su experiencia  del silencio.

En otras palabras el hombre no había logrado desplazar al paisaje natural  (…)”

Tomado de Barran, Pedro, Historia de la Sensibilidad, Tomo I., Montevideo, Banda Oriental, 2002.

Texto 2: La vida en el campo:

  1. a)  Relato de la estancia la virgen de los desamparados.

“Cerca de la casa no había plantación alguna, ni siquiera un árbol de sombra, ninguna planta cultivada; solamente había algunos grandes corrales para el ganado en los que se hallaban de seis a siete mil cabezas (…) La cocina era enorme y parecía un granero (….) No había sillas, ni mesas, ni cuchillos y a la hora de comer se volcaba el puchero en una gran fuente chata, mientras el asado se lo servía cada uno directamente del asador, tomando la carne con los dedos y cortando su tajada. Los asientos eran troncos de árboles y algunas cabezas de caballo. Habitaban la casa una anciana negra y canosa de  unos setenta años de edad, y dieciocho o diecinueve hombres de todas las edades y tamaños y variedad de colores (…) Había un capataz y siete u ocho peones, los demás eran agregados (…) atraídos por la abundancia de carne (…)

Al despuntar el día todos estaban sentados alrededor del fogón tomando mate y fumando un cigarrillo; antes de salir el sol to dos estaban montados a caballo repuntando al ganado; a mediodía todos regresaban para el almuerzo (…) Al cabo de pocos días me sentí muy cansado de comer y se me ocurrió que habiendo tantas vacas podría ser posible conseguir alguna leche (…) pero la anciana negra  se lanzó apasionadamente en la oposición. Afirmaba que ninguna vaca había sido ordeñada en el establecimiento desde hacía doce años cuando el dueño hiciera una visita al mismo en compañía de su joven esposa (…)”

Tomado de G. Hudson, “La tierra púrpura”, Ed. Marcha, 1968

  1. b) Informe del cónsul francés:

“El ganado constituye la única y verdadera riqueza del  país (…) Es la prodigiosa abundancia de ganado que atrae el comercio de todas las naciones y suministra por si sola todos los medios de intercambio. Este género de explotación exige menos trabajo y cuidados, lo cual hace que los naturales  lo prefieran a cualquier otro. Cabe señalar que constituye por sí sola toda la industria de los habitantes (…)

No es raro ver propietarios de muchos millares de vacunos, son contar los caballos y los lanares y no temo de ser tachado de exagerado al advertir que hay los que poseen 30, 40 y aún 50.000 cabezas. Esto sería apenas creíble en Europa (…)

Citado por Williman “Historia económica de Uruguay”, Montevideo, Fin de Siglo, 1992

Texto 3: El comercio.

“Los comerciantes montevideanos y los dueños de las famosas pulperías volantes  adquirirán  los  cueros  que  le  proporcionaban  las  partidas  de faeneros  clandestinos, o las decenas de miles de ocupantes de tierras que se asentaban  en  nuestra  campaña  con  un  pequeño  rebaño,  sin  que  ello impidiera la faena de ganado ajeno.

Las estancias no estaban bien organizadas: la marca no era de rigor y los comerciantes no se preocupaban por el origen de los cueros que compraban. Las partidas de faeneros clandestinos brasileños penetraban permanentemente en nuestro territorio a través de una frontera indeterminada  donde el contrabando era tan natural como la respiración”.

Tomado de Alonso, Salas, “Partidas políticas”, Montevideo, Ed. Banda Oriental, 1986.

En una época donde eran intransitables los caminos terrestres, los ríos se convirtieron en los principales ámbitos de transporte mercantil. Además, las aduanas de los países vecinos no estaban todavía conformadas de manera que  pudieran  impedir  la  entrada  y  salida  de  mercaderías  a  través  del cabotaje uruguayo. Es así que casi la mitad de los 300.000 cueros exportados por Montevideo entre 1856 y 1858 eran de origen argentino y riograndense y lo mismo sucedió con la cuarta parte del tasajo po r allí exportado. Este “comercio de tránsito” permitió la acumulación de grandes ganancias que fueron dar a manos de algunos pocos grandes establecimientos comerciales, en su mayoría de europeos residentes en Montevideo. Estos nuevos ricos se transformaron en prestamistas del propio Estado acrecentando aún más su fortuna (…) Tal acumulación de riquezas hicieron posible el surgimiento de los primeros bancos en Uruguay.

Tomado de Nahum, B.; “Historia del Uruguay”. Tomo I” Montevideo, Ed. Banda Oriental, 2002

                                                

Actividad: 1.- A partir de la lectura de los textos y las imágenes identifica las características  económico –sociales del Uruguay en las primeras décadas de vida independiente.

Texto 4: La Revolución del Lanar: 1º elemento de modernización en la estructura económica rural:

Las escasas ovejas que existían en el país al comenzar el siglo XIX, fueron de origen español, cuya calidad era deficiente al grado de utilizarse solo para colchones y almohadas. La cruza con animales europeos era pues fundamental.

Aunque hubo importantes introducciones de la raza merina antes de 1839, antes de la Guerra Grande, fue reanudado recién luego de 1852.

La década del ´60 presenció un nuevo empuje de introducciones de ovinos finos para la mestización como el merino. Los estancieros importadores de buenos ovinos pertenecían en la mayoría a determinados departamentos del país:

1860        1873       

San José y Flores…………………………….………..12%          18%

Colonia………………………………………………12%           16%

Soriano……………………………………..….……..17%            17%

Durazno………………………………………..…….6%              7%

Paysandú y Río Negro………………………………….9%            11%

Florida……………………………………………….5%             11%

Total………………………………………………….61%           80%

Porcentaje referido al total de la existencia ovina en el país

De estos datos se pueden extraer las siguientes conclusiones: la explotación ovina abundó en  el litoral y centro -sur donde predominaban los extranjeros y se equilibraban la pequeña, la mediana y la gran propiedad.

Con referencia al stock ovino total, frecemos los siguientes datos:

En 1852 había 795.000 ovinos

En 1860 había 2.594.000.

La introducción de ganado y la relativa paz política que sobrevino a la Guerra Grande explican este notable paso adelante.

Tomado de Barran, Nahum, Historia Rural del Uruguay moderno.

“La difusión del ovino significó la primera modificación   de la estructura económica rural desde la Colonia. La lana quebró la “edad del cuero” y fue un vehículo de modernización, pues permitió al país ingresar a mejores niveles de explotación económica. El ovino impulsó la tecnificación del agro (baños, bretes alambrados) y demando mano de obra especializada, que asentó   la   tierra   y   ascendió   socialmente   gracias   a   él.   Elemento   de pacificación en el permitió el surgimiento de un nuevo sector social con espíritu de empresa y mentalidad capitalista.

La buena calidad de la lana amplió los mercados exteriores del país. Acentúo su dependencia pero diversificó nuestros rubros exportables y nuestros mercados de consumo, distribuyendo esa dependencia entre varios centros económicos mundiales. EL ingreso que captó del exterior representó un fuerte enriquecimiento para el agro, lo que le permitió después invertir en otros rubros de la modernización: alambrado, mestizaje del vacuno.

En primer lugar una fuerte demanda europea. A medida que avanzaba el siglo XIX la producción de las naciones europeas que se dedicaban a la Industria textil se hizo cada vez más insuficiente. Inglaterra, Francia, Bélgica, apenas podían alcanzar a cubrir el 44% de lo que la Industria Británica necesitaba, o el

27% de lo que necesitaba la francesa, Recurrir a los lugares donde podía producirse lana de buena calidad y barata fue imperativo para los industriales europeos.

En la década del 60 también ocurrió un hecho que lo favoreció. La Guerra de Secesión de Estados Unidos (1861 – 1865) anuló el envío de algodón americano a Europa. Desprovista de una de las dos fibras textiles que alimentaban su industria, Europa tuvo que volcarse necesariamente a la compra de lana en mayor cantidad que hasta ese momento.

En tercer lugar debe mencionarse la causa interna uruguaya. Tímidamente los estancieros criollos se fueron acercando al lanar cuando observaron  que ares extranjeros radiados en el país, acometían su  explotación con buenos resultados económicos. Lo que primero fue visto por los criollos como un trabajo de “gringos” (la cría del ovino), pronto se les presentó como un buen negocio. La crisis vacuna por un lado y el hecho de que el ovino la complementara, sin sustituirlo al vacuno, tanto en el consumo de los pastos como en las eventualidades comerciales, hizo que su explotación se generalizara en la República. El ovino fue visto como una especie de seguro climático y económico. Cuando había sequía y el ganado vacuno podía morir, el ovino resistía mejor. Cuando había exceso de lluvia y el ovino podía sufrir  notablemente, el vacuno resistía mejor. Años en que bajaba el precio del cuero, subía el de la lana; y a la inversa, años en que podía decrecer el precio de la lana, mostraban cotizaciones favorables para el cuero vacuno. Ello explica la generalización de la cría de la especie en todo el territorio nacional.

Consecuencias:

El ovino contribuyó a repoblar el campo y la estancia porque necesitaba mucho más personal para su cuidado.

Además sedentarizó a la población rural, puesto que ese pastor debía permanecer en un puesto fijo, desde donde realizar el cuidado de las ovejas a su cargo. Además fortaleció una clase media rural a la que ele era más fácil llegar a la explotación del ganado menor que al del ganado vacuno, no disponiendo ni de la tierra ni del capital necesarios como para desenvolverse con comodidad en la explotación del bovino. Si en cambio para llevar adelante a explotación del ovino, que necesitaba menso precio y cuyo precio por cabeza era más bajo. Finalmente se facilitó el ascenso social, y quienes comenzaron como pastores   de una majada o puesteros, fueron retribuidos con un tercio del proceso anual de ella o su mitad, o con una parte de la lana que produjera, lo que habilitó a muchos hombres sin capital a iniciarse por su cuenta.

Desde el punto de vista económico, las consecuencias fueron también de gran importancia. En primer lugar hay que señalar que el ovino significó la primera quiebra a la edad del cuero en a que el país había permanecido desde su época colonial.

Esto significó diversificar  los rubros exportables  uruguayos. Al tasajo y los cueros había que sumar ahora la lana. Y a su vez ello trajo como consecuencia la diversificación de los países compradores. Mientras se vendían los cueros a Inglaterra y Estados Unidos, mientras el tasajo iba, como siempre a Brasil y a Cuba, la lana empezó a ir a Francia y Bélgica.

Tomado de B.  Nahum, Manual de Historia del Uruguay, Tomo I, Montevideo, Ed. Banda Oriental, 2002

Aspectos políticos: El Uruguay Caudillesco: casi un siglo de conflictos y guerras civiles.

Cronología Política del Uruguay en el Siglo XIX.

1830 – 1834: Fructuoso Rivera.

1868 – 1872: Lorenzo Batlle

1835 – 1838: Manuel Oribe

1872 – 1873: Tomás Gomensoro

1839 – 1843: Fructuoso Rivera

1873 – 1875: Pedro Varela

1843 – 1853: Joaquín Suárez

1876 – 1880: Lorenzo Latorre

1853 – 1854: Triunvirato

1880 – 1882: Francisco Antonio Vidal

1854 – 1855: Venancio Flores

1882 – 1886: Máximo Santos

1855 – 1856: Manuel Basilio Bustamante

1886 – 1890: Máximo Tajes

1856 – 1860: Gabriel Antonio Pereira

1890 – 1894: Julio Herrera y Obes

1860 – 1864: Bernardo Berro

1897 – 1899 Juan Lindolfo Cuestas

1864 – 1865: Aguirre

1865 – 1868: Venancio Flores

1.- ¿Quiénes eran los caudillos y los doctores?

Introducción:

 “Desde el punto de vista social el nuevo país tenía un dualismo marcado: Montevideo – Campaña.

La ciudad europeizada frente a la campaña semi bárbara, la ciudad comerciante frente al campo productor, eran rasgos generadores de un antiguo antagonismo que se tradujo en las largas luchas entre “caudillos” y “doctores”

La campaña estaba habitada por el gaucho, habituado a la libertad y con pocas necesidades para satisfacer (con más frecuencia mediante el contrabando o robo de animales   que por el trabajo, no abundante en un medio donde primaba la ganadería extensiva).La carencia de una clase media de agricultores y estancieros pequeños que diera estabilidad al medio, la soledad de los campos creada por los numerosos latifundios, la facilidad de la obtención de alimento (ganado al alcance de la mano, sin marca y sin cerco), el desorden provocado por dos  décadas de guerra, el odio a la autoridad (española, porteña, portuguesa, brasileña), siempre represiva; todo ello contribuyó a crear un clima de hostilidad a la ciudad, de donde venían las ordenes, los reglamentos. Las trabas a una libertad personal que se consideraba  como el máximo bien, en una escala de valores reducida.

El gaucho se expresó por el caudillo suma de pericia y coraje, al que se adhería por admiración varonil y espontánea. Él fue el centro de la autoridad aceptada en el campo, tanto más cuanto se oponía o tamizaba a ala que provenía de la capital. Si caudillo y gobernante eran la misma persona (Fructuoso Rivera), el Estado se hacía obedecer; si no lo era, la vida política de la ciudad y la campaña corrían por carriles separados y con frecuencia se enfrentaban.

En  la  ciudad  (…)  las  influencias  ideológicas  y  de    la  moda  europea  calaron  hondo  en  una  burguesía  que  se  iba enriqueciendo y aprendiendo a manejar el Estado a través de sus hijos doctores, como había manejado sus negocios familiares (estancia, comercio de importación, saladeros, barraca, barcos). Miró a la campaña como sede de “barbarie”, y al gaucho como residuo  el  indígena  salvaje  que  debía  desaparecer  para     que  la  “civilización”,  que  entendía  representar,  se  asentara definitivamente en el país. Ello implicaba orden, autoridad, sujeción  a la voluntad de los hombres cultos (“Los Doctores”) de la ciudad.

Tomado de Nahum, Manual de Historia del Uruguay. Tomo I  Banda Oriental, Montevideo, 2002

Los doctores: Eran los principales dirigentes políticos   en la ciudad  de Montevideo. Tenían una formación universitaria, la mayoría de ellos abogados, provenían de las familias más ricas en la sociedad y tenían una fuerte vinculación cultural con Europa, principalmente con Francia e Inglaterra. Los sectores doctorales, formados en las ideas liberales europeas, fueron quienes difundieron y quisieron imponer un programa de gobierno que respetara la Constitución, la organización de la administración de Gobierno y la  modernización  de  la  economía.  Muy relevantes entre ellos fue José pedro Varela.

Pero no contaban con el apoyo de la mayoría de población a la que no incluían en sus programas

El caudillismo: “En 1830 la realidad del país era netamente caudillesca. En este un país semidesértico, sin alambrados y sin caminos, sin agricultura que cree hábitos sedentarios y pacíficos, al mismo tiempo que intereses conservadores; sin más vías ni medios de comunicación que el caballo y la carreta, con costumbres  musculares  y  púgiles  generadas  por las  faenas pecuarias; sin más centro de asociación que al pulpería, ni más autoridad reconocida que la del caudillo. La acción de la autoridad legal casi no puede ejercerse en ese desierto con tan largas distancias cortadas de montes y serranías. La comisaría y la escuela, los dos órganos de la civilización de la ciudad, son escasos, están disperso, perdidos en vastas zonas, no alcanzan a ejercer influencia sensible. Los mismos exiguos núcleos poblados están bloqueados por el desierto pastoril; y por la ley de la proporción de las masas; es más la influencia   que el campo ejerce sobre ellos, que las que ejercen ellos sobre el campo ¿Qué entiende el gaucho de la política de la ciudad? Lo que entienden la mayoría de los campesinos de todos los países del mundo, muy poco o nada…. Aquí en Uruguay, el Gaucho ecuestre y bravo acostumbrado a pelear, que ha hecho el país con su brazo y con su sangre, que no tiene apego al terrón, que no cultiva, romántico del valor y duro para la muerte no puede ser ni encajado en la legalidad convencional, por las condiciones en que vive, ni puede ser desechado, por su carácter y por su traición.

Alejado de la ciudad cuyos hábitos y política le son ajeno, huraño con el “doctor” que le desprecia, receloso de las autoridades, cuya arbitrariedad siempre teme ¿cuál será la intervención en la vida política? Necesariamente seguirá a los caudillos. El caudillo es un gaucho como los demás, por sus sentimientos y hábitos, pero más inteligente, más enterado, más enérgico, más emprendedor, su prestigio le viene en la superioridad de sus condiciones respecto a la masa. El gauchaje deposita en él su confianza política, es una delegación de soberanía hecha de modo tácito, sabe que donde está el caudillo esta su causa. Si él se levanta le siguen; muchos no saben bien por qué pelean, pero están con su caudillo….”

Alberto Zum Felde

“La posesión de la tierra se convertía en un premio si era partidario el caudillo vencedor o en castigo sui era el perdedor. Rivera confiscó las propiedades de los lavallejistas y Oribe la de los riveristas…….. Esta problemática de la propiedad de la tierra habría de durar varios años y constituyó la base el poder para los caudillos, al crear situaciones e dependencia personal ubicadas más allá de las disposiciones de la Constitución”

Tomado de Nahum, Manual de Historia del Uruguay. Tomo I  Banda Oriental, Montevideo, 2002

2.El Surgimiento de las divisas:

“Rivera una vez finalizado su mandato (octubre de 1834) fue nombrado comandante general de la campaña, que debía custodiar su orden, repoblarla y vigilar la frontera. El cargo fue hecho a la medida del caudillo libre de repartir tierras y ganado.

No obstante Oribe deseoso de unificar el País y concentrar el poder en sus manos no podía aceptar la existencia de un gobierno paléelo representado por Rivera en su comandancia General, por lo que suprimió dicho cargo.

El conocido relato que expresa la convicción de los paisanos de que era el Gobierno quien “se había “sublevado” contra don Frutos….”, es una clara muestra de las diferencias entre el país legal y el país real, entre la autoridad del presidente (prevista en la Constitución) y la del Caudillo (basada en la realidad social de la época).

Pocos meses después, una comisión especial del Poder Legislativo presentó un informe sobre la gestión financiera  de Rivera, presentando 174 cargos en su contra. Las polémicas periodísticas que se suscitaron al respecto contribuyeron a decidir la Revolución que Rivera lanzó en julio de 1836 donde surgieron las divisas blancas y coloradas.

Tomado de Nahum, Manual de Historia del Uruguay. Tomo I  Banda Oriental, Montevideo., 2002

Decreto de Manuel Oribe: el origen de la divisa blanca:

“Art. 1: Todos los jefes orientales y tropa del ejército en línea, las guardias nacionales de caballería, las partidas afectas a la policía y todos los empleados públicos en los departamentos de campaña usaran el sombrero con una cinta blanca con el lema “Defensor de las Leyes.

Art. 2: El Estado Mayor General, la Guardia Nacional de Infantería de la Capital, los empleados de toda la administración, la infantería de extramuros que usaran también el mismo lema, que llevaran en una cinta en los ojales del vestido y en formación en el sobrero.

Art. 3: Todos los ciudadanos no enrolados usaran del mismo distintivo en los ojales del vestido como señal de su adhesión a las leyes e instituciones de la República”.

El origen de la divisa colorada:

“El partido contrario adoptó consiguientemente otra divisa para distinguirse de sus enemigos, singularmente en las funciones de la guerra. Su primer color fue el celeste, tomado de la escarapela nacional, pero este color debilísimo en los tejidos de que podían hacerse las divisas, no resistía la acción atmosférica-. De ahí vino la necesidad de cambiarlo, y se cambió naturalmente por el colorado, de mayor firmeza y que es el más común en las letras que se emplean en la campaña para forrar los ponchos, para hacer los chiripas, etc. De ahí pues, se llamó colorado al partido que combatía a Oribe” (Andrés Lamas).

Fructuoso Rivera.

3.– La Guerra Grande (1839 – 1851): El mayor conflicto político del UruguayCaudillesco.

El conflicto desarrollado durante la Guerra Grande fue de tal complejidad que es posible distinguir en él varios niveles de enfrentamiento.

Un primer nivel se desenvolvió dentro del país con la lucha de Rivera y Oribe, y casi en seguida, entre colorados y blancos, bandos políticos todavía y no partidos. Un segundo nivel fue protagonizado por la alianza de las corrientes políticas argentinas de Unitarios y federales con colorados y blancos, salteándose así las fronteras meramente jurídicas del Estado Oriental. Y todavía en un tercer nivel, que prolongó y amplificó la Guerra, entraron las primeras potencias europeas de la época, Inglaterra y Francia, en defensa de sus propios intereses comerciales y políticos. Todos estos niveles se desplegaron sucesiva o simultáneamente (…)

Fuente: Nahum, Benjamín, “Capítulo 6. La Guerra Grande 1839 –1852”, en Manual de Historia del Uruguay, Tomo I, Montevideo, Ed. Banda Oriental, 2002.

Actividad:

Con la ayuda de algunos de los libros de Historia nacional con los que cuentas en biblioteca realiza los siguientes ejercicios respecto a  la Guerra Grande:

1.- Explica el proceso de formación de las alianzas que se enfrentaron, que convierten a la Guerra en un conflicto local, regional e internacional (debes analizar los intereses que perseguían cada uno de los protagonistas)

2.- Argumenta por qué Montevideo pudo sobrevivir al “Sitio grande” y cuál fue el costo de dicha política.

3.- ¿Qué problemas debió enfrentar el Gobierno del Cerrito? ¿Cómo intentó resolverlos?

4.- ¿Qué establecían los Tratados de 1851? ¿Fueron perjudiciales para Uruguay? ¿Por qué?

4.– La persistencia de los conflictos políticos luego de la Guerra Grande.

“En los 35 años que van desde 1851 a 1886, se registraron 43 movimientos subversivos, así desglosables: 18 revoluciones, 9 motines y 16 conmociones o levantamientos de alcance medio”.

Lockhart Washington

“El período  histórico que va desde la paz de octubre de 1851 a la paz de octubre de 1872, es el más convulso y trágico de nuestra historia. A la matanza de quinteros se le contesta con los fusilamientos de Paysandú, a los fusilamientos de Paysandú con el asesinato de Flores; y al asesinato de Flores con el asesinato de Berro. Anacleto Medina, ejecutor de Quinteros, es cazado 10 años después en Manantiales, lanceado, desollado y enterrado vivo… ¡Venganza!, es la palabra del orden, la amenaza está pendiente, se respira rencor……Las familias, las madres, las hijas, los niños se sienten enemigos de uno u otro bando, los adjetivos: salvajes, sarnosos, ladrones, desgolladores, chusmas se cruzan en las conversaciones, en las cartas, en las visitas.

Las muchachas ostentan cintas celestes y coloradas, las blanquillas del pueblo entonan:

                                                           La perdiz canta en el monte

                                                           Y el jilguero en la cañada

                                                           ¡Viva la cinta celeste

                                                           Y muera la colorada!

La ciudad está agauchada, se tiene culto  a los caudillos, se usa el reloj y prendedor de la efigie Rivera, de Oribe, de Venancio Flores, de Leandro Gómez. Todas las familias criollas de Montevideo tienen al padre o a un hermano, o a un hijo en los ejércitos. El dolor, la sangre y el odio se sienten en carne propia, de una vereda a la otra, desde las puertas y balcones, las familias de bandos opuestos se miran con recelo y se desaíran (…)

Al estallar una revuelta, al llegar a la ciudad la noticia de un levantamiento (…) las familias del abandono revolucionario no están seguras (…) Todos los hombres están al servicio de un bando o de otro. Muchas veces las madres animosas tienen que defender ellas mismas su hogar, tabuco en mano, contra atropellos de forajidos (…..) la tarde misma en que estalla la conspiración blanca y asesinan a flores, es paseado por la calle 18 de julio, en un carro, con la cabeza cana colgando hacia abajo, el cadáver del ex presidente Berro (…) Esa noche, grupos emponchados recorren la ciudad y asaltan muchas casas de blancos. La sociedad uruguaya vive trágicamente (…)”

Zum Felde, Alberto, “El proceso histórico de Uruguay”, Montevideo, 1963.

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Tragedia literaria: concepto, origen, evolución, estructura

CONCEPTO DE TRAGEDIA

Del latín tragoedĭa, el término tragedia está asociado a un género  literario y artístico del mismo nombre. Se trata del tipo de obra dramática con acciones fatales que generan espanto y compasión.

Los personajes de una tragedia se enfrentan de forma inevitable contra los dioses o contra distintas situaciones de la vida, en hechos que los llevan hacia la fatalidad. El personaje principal de la tragedia suele terminar muerto  o destruido moralmente. Sin embargo, existen las llamadas tragedias de sublimación, donde el personaje consigue convertirse en un héroe al desafiar todas las adversidades.

Hay que subrayar además que la tragedia literaria surgió en Grecia a partir de las obras realizadas por autores de la talla de Fornico o Tesis. No obstante, también contribuyeron al desarrollo y consolidación de la misma escritores de gran fama y relevancia en la historia como, por ejemplo, Esquilo. Un dramaturgo este que es conocido por obras tales como “Los siete contra Tebas” (467 a.C) o “Orestíada” (458 a.C), que es su trabajo más conocido y que se compone de tres obras: “Agamenón”, “Las coéforas” y “Las euménides”.

No obstante, además de los autores expuestos tampoco podemos dejar pasar la oportunidad de citar a otros que, de un modo u otro, también se convierten en piezas fundamentales dentro del género de la tragedia a lo largo de los siglos. Este sería el caso de los españoles Calderón de la Barca y Lope de Vega, del francés Voltaire, del alemán Goethe o del inglés William Shakespeare.

En concreto, el último escritor citado, el más importante de la lengua inglesa y uno de los más relevantes de la Historia de la Literatura Universal, es conocido por tragedias ya míticas como “Romeo y Julieta”, “Hamlet”, “Macbeth” y “Otelo”.

De ese sentido literario surgió una expresión que hoy utilizamos con frecuencia dentro del lenguaje coloquial. Se trata de aquella que dice “hacer una tragedia”. Con dicha locución adverbial lo que intentamos es dejar patente el hecho de que una persona está dándole una serie de tintes trágicos y graves a una situación que en absoluto la tiene.

De acuerdo a Aristóteles, una tragedia (en este caso sería el género conocido como tragedia griega) está compuesta por tres partes: prólogo, episodio y éxodo. El prólogo antecede la entrada del coro (que, a su vez, se divide en párodo y estásimo) y aporta la ubicación temporaria de la historia.

Los episodios muestran el diálogo entre los personajes o entre el coro y los personajes. Esta es la parte más importante de la historia, ya que manifiesta el pensamiento del personaje principal.

El éxodo es la parte final de la tragedia, donde el héroe reconoce su error y recibe el castigo divino.

Por otra parte, cabe destacar que se conoce como tragedia a cualquier suceso de la vida real que puede despertar emociones trágicas. El lenguaje coloquial asocia la tragedia con situaciones de gran dramatismo y dolor.

Una tragedia puede ser una catástrofe natural (inundaciones, sequía, etc.), un crimen pasional o un atentado con numerosas víctimas, por ejemplo.

ORIGENES DE LA TRAGEDIA

Según Aristóteles la tragedia (Tragoidia, canto del macho cabrío) proviene del ditirambo, canto del culto a Dionisos cuyo propósito era exaltar al dios. Estos cantos eran manifestaciones lírico corales, no dramáticas, donde un grupo de unas cincuenta personas invitaba a los dioses a la festividad donde se iba a rendir culto a Dionisos, dios en el que se personificaba el misterio de los ciclos de la naturaleza, así como de los aspectos más ocultos y primitivos de la naturaleza humana. Sus fiestas, las dionisíacas se celebraban en primavera y en invierno. A las primeras se las llamaba las grandes dionisíacas y se llevaban a cabo en Atenas, pero por su importancia adquirían un carácter panhelénico. A las segundas se les llamaban las pequeñas. En Atenas, en el mes de enero se celebraban las dionisíacas leneas; en diciembre también existían estas fiestas, pero en la zona rural.

Las grandes dionisíacas comenzaban con una procesión encabezada por la estatua del Dios que se traía desde Eleuteras. En ellas se cantaba el ditirambo. Había un exarconte o corifeo que cantaba en alabanza del dios, en un principio improvisadamente. Existía también un coro que, encabezado por el corifeo, gritaba “evohé”, danzaba y cantaba en círculo. La festividad adquiría carácter orgiástico, toda vez que los participando libando el vino, bebida descubierta por Dionisos, entraban en un estado de histeria en el que se sacrificaba un macho cabrío que se consumía, en acto de comunión y transustanciación con el dios.

Se atribuye al corinto Arión que vivió en los comienzos del siglo VI la regulación de los que hasta entonces era solo improvisación, haciendo de él algo fijo y ordenado.

En estas festividades –las grandes dionisíacas- tuvieron lugar los concursos dramáticos, donde los escritores presentaban una tetralogía, tres tragedias y un drama satírico.

Modernamente se considera totalmente insuficiente esta explicación, que tuvo como punto de partida la afirmación de Aristóteles, para explicar el origen de la tragedia. El problema es que por este medio no se entiende cómo una expresión de carácter lírico, que se refiere al mito de Dionisos, adquiere una temática independiente y una forma diferente: la dramática. En cuanto al asunto de estas obras, predominantemente se basan en leyendas heroicas (troyanas, tebanas). En cuanto a la forma, al separar una persona del coro, crea al primer actor, el protagonista (proto: primero, agonista: luchador), que dialoga con el coro. Por este medio se crea un elemento propiamente dramático.

Hoy en día se señalan una multiplicidad de fuentes, que obraron por fusión.

  1. El primero en mencionar la palabra “trágico” es Heródoto a comienzo del siglo VI A.C. El citado historiador dice que la ciudad de Sición dedicaba un culto al héroe Adrasto (legendario rey de Argos, responsable de las incursiones en Tebas, que murió de dolor al perder a su hijo en batalla). Esta desventura se conmemoraba en Sición mediante “coros trágicos”. Clístenes (abuelo de Clístenes, el ateniense) decidió abolir el culto a Adrasto y trasladó los coros al culto de Dionisos. Un apoyo sustancial a la importancia de estos coros trágicos o trenéticos la da uno de los investigadores más importantes del tema: Francisco Rodríguez Adrados, que concluye que el teatro griego (comedia, tragedia, drama satírico) nace del comos, coro de la aldea que se desplazaba para realizar una acción cultural con procesión y danza. Aclara el investigador que los comos, no siempre fueron festivos, éstos son los que dan origen a la comedia. También existían trenos o cantos fúnebres, a los que, como vimos, Heródoto registró como coros trágicos.
  2. En cuanto a los temas, los que se pueden observar en la tragedia, son los mismos que los de la poesía épica, salvo raras excepciones. Son los conocidos mitos heroicos elaborados colectivamente y transmitidos oralmente durante siglos, luego fijados por escrito: la guerra de Troya, la estirpe de Edipo y sus infortunios, las proezas de Heracles.
  3. Entre la forma épica y la reelaboración trágica se interpone la configuración que les dio la lírica coral, forma poética que surge en Esparta entre los siglos VII y VI a.C. y que la tragedia es heredera directa. Hermann Frankel dice que en la lírica coral: “el poema no era simplemente recitado, sino cantado, apoyando su contenido mediante mímica y danzas simbólicas, de tal manera que ya había en este género artístico un núcleo dramático”.

Estesícoro de Himera en las primeras décadas del siglo VI A.C. acentuó la importancia del mito, aportando también la tríada, adoptada posteriormente por la tragedia. En Píndaro de Tebas (518 — 448 a.C.), el representante más importante de la lírica coral, se retoman los mitos para ensalzar a los héroes victoriosos en competencias atléticas. Sin embargo, a diferencia de lo que sucede en la tragedia sus cantos están inspirados en Apolo y el coro de Musas.

Por lo tanto hay diferentes elementos que confluyen en la creación de la tragedia:

 EL    DITIRAMBOLidow

 EL CULTO AL HÉROE CON SUS COROS TRÁGICOS

 LOS MITOS QUE FORMABAN PARTE DE LAS EPOPEYAS

 LA LIRICA CORAL, que integra los antiguos mitos con hechos contemporáneos, que acompaña la recitación con mímica, música y danza y que aporta, por último la estrofa triádica.

Definición de Aristóteles:

“Imitación de una acción de carácter elevado y completo, con una cierta extensión, llena de bellezas de una especie particular, según sus diversas partes. Imitación que ha sido hecha o lo es por personajes en acción y no a través de narración, la cual moviendo a compasión y a temor dispone a la moderación de las pasiones, provocando en el espectador la purificación”.

La tragedia se basa en el principio de la mimesis, esto es, de la imitación. El actor representa (hace presente) el personaje que encarna, viviéndolo, apropiándose de las características del personaje. Lo más importante -según dice el filósofo- es imitar las acciones, no los personajes, puesto que aquellas (las acciones) son las que determinan a éstos (los personajes) y no a la inversa.

La acción es de “carácter elevado”, es decir una acción trascendente cuyos personajes y episodios superan con creces a lo inmediato y familiar. Aquellos son héroes o dioses y por este solo hecho se separan de la medianía de los mortales. Los primeros, procedentes de los estratos más elevados de la sociedad, sobresalientes por su valor y fortaleza, no son ejemplos de virtud.

Se representa una acción completa, estructurada orgánicamente, que requiere un conjunto de antecedentes y causalidades perfectamente claras, así como un desenlace acorde con ellos. Cada uno de los hechos debe ser necesario, según dice Aristóteles, de tal forma que alterado uno de ellos “se transforme y mude el todo”. A pesar de lo que generalmente se dice, el desenlace desgraciado no es imprescindible en este subgénero. De hecho en las “Euménides”, obra de Esquilo, se produce un final feliz.

Producto de una hamartía (“opinión errónea”, o aún mejor, “juicio erróneo”), presa de até (ceguera trágica), el protagonista, el héroe trágico griego, incurre en hybris (pecado de exceso), que los conduce a la perdición, aunque ésta no sea imprescindible.

Entonces ¿qué es lo característico de lo trágico? Además de la necesidad de las acciones como producto del destino (Moira) que se impone, la metabolé o cambio de fortuna, también llamada peripecia es imprescindible. Esto significa que cambia la suerte del héroe trágico. Estos cambios pueden ser variados, pero Aristóteles señala que el más apropiado es aquél en el que el héroe pasa de la felicidad a la desdicha.

A la peripecia le puede seguir la anagnórisis, es decir el reconocimiento. Aunque peripecia y anagnórisis pueden darse en forma conjunta, que según el autor es lo mejor. La anagnórisis puede ser variada. Puede percibir su propio error, su identidad o inclusive el ser y el hacer de otros. De cualquier forma es el momento crucial en el que se pasa de la oscuridad a la luz, de la ignorancia al conocimiento.

La extensión varía entre los 1300 y 1700 versos. La intención de los dramaturgos es lograr la mayor concentración en beneficio de la intensidad.

Su lenguaje es enriquecido, “lleno de bellezas”, que es tanto como decir un lenguaje poético, acorde con el rango de los personajes.

Por último, para terminar con las características de fondo (contenido) y forma (estructura) de la tragedia, se expresa que la imitación en la misma se hace por medio de la representación, para distinguirla históricamente de las epopeyas, es decir de las obras del género épico que las preceden temporalmente. Mientras que en la epopeya se narra, en la tragedia las acciones se desarrollan ante el espectador a través del diálogo entre los personajes, y de este modo, se elimina la distancia que supone el uso de un narrador. De allí en adelante la definición de Aristóteles cambia su centro de interés, y pasa a ocuparse ahora de elementos exteriores a la obra: la relación de ella con el espectador, los sentimientos de éste y por último la finalidad del espectáculo.

Al ser la tragedia imitación a través de la representación, se favorece la empatía, es decir, que el espectador vive con y a través del personaje que actúa con pasión, sufre, se equivoca y es atrapado por el destino (la moira), que se encuentra establecido con anticipación. Entonces sobreviene la compasión o piedad (eleos) y el terror (phobos). Aquella se produce por la adversidad de un destino, que el espectador siente como suyo, porque lo que ocurre en el espectáculo puede pasarle a él (al espectador), tan inadvertidamente como le sucede al personaje. A la expurgación de las pasiones se le suele llamar catarsis, término que se utiliza una sola vez en la Poética, y que ha dado origen a más de una discusión. Tradicionalmente se ha dicho que este término indica que el espectador se libera de todas aquellas pasiones nocivas, que han llevado a que el protagonista cayera en hybris, exceso. De este modo la tragedia cumpliría su fin pedagógico, enseñar a moderar las pasiones, la sophrosyne. Recientemente, en el extenso prólogo de la edición de Monte Avila, otro estudioso de este tema ha expuesto que la antedicha interpretación está influida por las ideas cristianas, ajenas por completo al pensamiento griego. El carácter nocivo de las pasiones en general, de las que el espectador se liberaría, sería producto de una interpretación cristiana. Según el citado crítico, lo que dice Aristóteles es: “dispone a la moderación de estas pasiones (la compasión y el terror), produciéndose en el espectador la purificación”. Por ende, la catarsis, se produciría con respecto al eleos, la piedad y el phobos, el terror. A través de la purificación de estas pasiones, el espectador aprendería a moderarse.

Además de estos aspectos cruciales, el capítulo de la Poética que trata de la tragedia señala tres principios o unidades a los que se someten, llamados por ello unidades aristotélicas. Son las de acción, tiempo y lugar. Según la primera, en las tragedias se desarrolla un solo conflicto. La unidad de tiempo implica que éste, el conflicto, no debe exceder las veinticuatro horas; y la de lugar que la acción se desarrolla en un solo espacio ficcional.

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ESTRUCTURA EXTERNA DE LA TRAGEDIA.

1.-PRÓLOGO. Es la parte de la tragedia que precede a la entrada del coro. Puede ser monologado o dialogado. Determina la parte del mito o la leyenda heroica que se dramatiza, así como el tiempo y lugar de la acción. Además fija los motivos que originan el conflicto trágico.

A diferencia del drama moderno que intenta intrigar al espectador acerca de los sucesos que se van a desarrollar en escena, siempre nuevos para el espectador, la antigua tragedia se nutría de materiales tradicionales, esto es, conocidos por todos, transmitidos de generación en generación. Por lo tanto, una vez que el espectador podía ubicar la leyenda o el mito que se representaría, la historia ya estaba contada. El espectador sabía lo que iba a suceder. Esto no significa, sin embargo, que la historia perdiera interés, puesto que cada dramaturgo presenta su visión del mito, imprimiéndole de este modo su sello personal. La obra será por tanto, original, única, irrepetible.

2.-PARODOS. Es el canto que el coro ejecuta acompañado de danza, durante su entrada en la orkestra, donde se instala durante el espectáculo. Su marcha está precedida por el corifeo o director del coro, que es quien habla en su nombre durante los episodios.

Tiene estructura estrófica y cada una de ellas corresponde a un movimiento del coro. Dichas estrofas se agrupan en díadas o tríadas (estrofa-antistrofa o estrofa-antistrofa y épodo). Estrofa significa movimiento hacia la derecha, antistrofa movimiento hacia la izquierda y épodo canto quieto en torno al altar de Dionisos, (divinidad a quien estaban dedicadas las obras que se representaban) y cuya ara se encontraba en el centro de la orkestra.

La división estrófica, que no consta en todas las traducciones, en nada incide en la significación.

3-EPISODIOS. Son los momentos recitados de la tragedia. Se desarrollan en el proskenion, el escenario. Allí dialogan los actores entre sí o con el coro, a través del corifeo, su portavoz.

Recién en este momento comienza la acción de la obra propiamente dicha, puesto que en el género dramático ésta se desarrolla a través del diálogo. Por tanto son los momentos dramáticos por excelencia, que se alternan, como se verá, con otros de reflexión a cargo del coro, que se producirán en las estásimas.

Significa etimológicamente digresión o separación del asunto principal, es decir una parte secundaria de la obra. Pero éste es su significado primitivo, que responde a la época en que en la tragedia lo que predominaba (porque era más importante) era el canto del coro. Con el correr del tiempo lo más importante son las intervenciones de los actores, puesto que por y a través de ellos se desarrolla el conflicto de la obra.

Su número es variable, aunque, en general son cuatro. En ellos se produce el agón o lucha verbal, que es la esencia del drama. El héroe vive su pathos, sufrimiento, con el que se siente identificado el espectador.

A veces se introducen en los episodios pasajes líricos, de uso libre para el dramaturgo: la commos (canto de dolor), ejecutado, bien por un personaje, bien por un diálogo alterno del actor y el coro.

4-ESTÁSIMAS. Son los momentos lírico- corales que se producen entre dos episodios. Su nombre significa detención, canto en el lugar, para indicar que mientras dura su intervención la acción dramática se encuentra detenida. No tienen paralelo con el drama actual, que se basa en el desarrollo del conflicto y donde no se conciben momentos donde la acción se detenga. Su existencia es resabio del origen lírico de la tragedia griega.

En las estásimas el autor expone sus ideas ético religiosas, comenta los episodios, reflexiona y/o instruye al público sobre aspectos importantes que se han desarrollado en el escenario.

Su función psicológica es distender la tensión creada en el espectador. Son pausas destinadas a la meditación y al descanso emotivo.

Su número es variable de acuerdo a la cantidad de episodios. Normalmente eran tres.

Modernamente el drama ha perdido las estásimas y conservado los episodios, convirtiéndolos en los actos, que todos conocemos.

5-ÉXODO. Es el nombre que se otorga al episodio final, después de la intervención lírica del coro. Este sale en forma procesional, cantando o en silencio.

Todas las tragedias griegas siguen esta estructura, donde se alternan las intervenciones del coro con las de los actores, que equivale a decir que se suceden momentos líricos (los más antiguos), con otros propiamente dramáticos.

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ESTRUCTURA INTERNA

Como toda obra dramática, en cuanto al desarrollo del conflicto de la obra se pueden distinguir los siguientes momentos:

1-MOTIVACIÓN. En ella se presentan los personajes más importantes y se indican los motivos que llevan al conflicto.

2-PLANTEO. En éste se produce el desarrollo del conflicto. Es el momento de mayor intensidad de la obra, donde se produce la lucha verbal, el héroe comete la falta trágica, el hybris.

3-PERIPECIA. Aquí se produce la inversión de la marcha del conflicto, es decir que la suerte se vuelve contra el héroe.

Según Aristóteles, la peripecia perfecta es aquella en la que la misma se acompaña con la anagnórisis (reconocimiento). En ella el héroe es capaz de reconocer los errores cometidos y la situación en que se encuentra. Ha obtenido un logro muy importante: conocerse a sí mismo. Ha pasado de la ignorancia, de la ceguera, que lo ha llevado a incurrir en hybris, al conocimiento, a la luz de la verdad.

El filósofo cita como un ejemplo de peripecia perfecta a la obra de Sófocles: “Edipo rey”, porque reúne las condiciones antedichas.

4-DESENLACE. En él se produce la resolución del conflicto. El desorden que ha generado el héroe se transforma en su opuesto y por tanto el mundo vuelve a la armonía.

EL LUGAR DE LA ACCIÓN: EL THEATRON.

En semicírculo y al aire libre se reunía el público ateniense para observar y escuchar las representaciones de los antiguos mitos. En la época clásica, el teatro fue de madera. Posteriormente se pensó en su ubicación en la confluencia de dos colinas en cuyas laderas se situaba el auditorio. Posteriormente fue realizado en piedra. El teatro de Dionisos, situado en la Acrópolis, a una altura intermedia entre el Partenón, espacio divino, y el espacio donde se desarrolla la vida cotidiana de los atenienses da cuenta de la amalgama entre lo político y lo religioso que expresa la concepción griega de la realidad.

Los espectadores se instalaban según su jerarquía, destacándose en primer lugar el sacerdote de Dionisos, que disponía de un trono de piedra en el centro de la primera fila. También ocupaban plazas de preferencia los magistrados, los embajadores y los huérfanos de guerra, que asistían vestidos con armadura, y eran conducidos por el heraldo a sus sitiales de honor. La mayor parte de los lugares los ocupaban los ciudadanos de pleno derecho. Además el teatro admitía a metecos y habitantes de otras polis. Todos los habitantes, pobres o ricos debían asistir a las representaciones, puesto que era considerado un espectáculo educativo. La moderación, la sophrosyne, es una lección que todos debían aprender, de este modo se preservaría el orden y la armonía social.

La obra se desarrollaba en dos espacios: la orkestra y el proskenion, dos espacios físicos correspondientes a los dos tipos de expresión- canto y diálogo-, que componen la base estructural de la tragedia. A unos metros de distancia de la primera fila se encontraba el espacio circular, denominado orkestra, en el que danzaba y cantaba el coro, como indica el hecho de que orkemai significa bailar. En el centro de la orkestra se ubicaba el thymele, el altar de Dionisos. Este espacio de canto y danza es la diferencia más pronunciada con los teatros actuales.

Unos escalones ponían en contacto la orkestra con el lugar donde se desarrolla el diálogo entre los actores, una plataforma ligeramente elevada y bastante estrecha. Tras ella se encuentra la skené, etimológicamente barraca o cabaña, que servía de vestuario para los actores y de representación del lugar donde se desarrollaba la acción, un palacio por ejemplo. Además de una puerta central tenía otras dos que servían: una para los personajes que venían o se dirigían al campo, otra para los que lo hacían de la ciudad. Estas puertas se abrían también ocasionalmente para algunos acontecimientos ocurridos fuera del proskenion, como por ejemplo la muerte de Agamenón en la obra epónima, o el asesinato de Egisto y Clitemnestra en “Las coéforas”.

La escenografía era prácticamente inexistente, se limitaba, según se supone a la pintura de la pared que dividía el proskenion de la skené.

Por último, existían los mekanai, maquinaria o tramoya, conjunto de artificios que servían para producir efectos maravillosos, como la máquina de volar que, mediante un sistema de poleas servía para simular la acción de los dioses.

LOS ACTORES

A la sobriedad de la escenografía y de los “efectos especiales” debe añadirse el de los propios actores.

De acuerdo a lo que dice Aristóteles, Esquilo fue quien aumentó el número de actores a dos (el deuteragonista), Sófocles introdujo el tercero (el tritagonista) y Eurípides un cuarto. Sin embargo, esto no significa que los personajes fueran dos, tres o cuatro, según las diferentes épocas. De hecho, siempre fue mayor el número de personajes que el número de actores. Esto implica que cada actor debía realizar más de un personaje. Esta variedad de papeles que debía asumir un actor determinaba en gran parte, el vestuario, que debía disimular los rasgos diferenciales del actor además de proporcionar las claves simbólicas para la interpretación del personaje. En efecto, los trajes propiamente dichos ocultaban a los personajes hasta las muñecas y tobillos, recubiertos a su vez, por los coturnos. Esta adaptación -teatral de las túnicas que los griegos utilizaban cotidianamente se complementaba con símbolos claves para el reconocimiento de los personajes, como por ejemplo la espada del guerrero, el cetro que identifica el poder, etc.

En cuanto a la máscara tapaba por completo el rostro y la cabeza del actor, ya que incluía una peluca. Dos agujeros para los ojos y uno para la boca entreabierta eran todos los rasgos reproducidos por estos objetos. No existía por lo tanto la gestualidad facial moderna. La mayoría de las máscaras del siglo V sólo distinguían las clases de edad y el sexo de los personajes, utilizándose el tono de piel oscuro para los hombres y pálido para las mujeres, método común en representaciones iconográficas. Esta manera de estereotipar a los personajes extendiendo a todo el cuerpo los efectos de la máscara responde a la imposibilidad de contar con la expresión del rostro en un espacio teatral donde los espectadores se encuentran tan distanciados del escenario.

La máscara es uno de los elementos que asocia a la tragedia con Dionisos, pues aquella aparece tanto en la representación como en su culto. Los hombres disfrazados de sátiros que formaban su cortejo, junto con las ménades o bacantes portaban máscaras. También las usaban quienes mezclaban en ceremonia ritual el vino con el agua.

Ninguno de los dioses olímpicos las utilizaban, solo Dionisos y Artemisa lo hacían puesto que ambos definen y protegen los límites del concepto de civilización y velan las delicadas transiciones de los humanos que los atraviesan. Mientras que las máscaras siempre se identifican por su posición frontal, los rostros humanos se muestran de perfil. Esto condujo a algunos helenistas a expresar que la máscara representa un rostro espejo. Su función no es solamente identificar al actor con un personaje sino proporcionar al espectador que se ve confrontado a ella “una imagen de su otro”.

Lo importante en el teatro griego es la palabra. Lo atractivo para el espectador griego no era tanto lo veía como lo que oía. En efecto, en dicho marco los actores y el coro con frecuencia explicitan verbalmente las características de los lugares donde se desarrolla la acción. La intervención habitual de los mensajeros, que narran tramos esenciales de la acción que el espectador no puede ver muestra la importancia que las descripciones verbales tienen como complemento de la esquemática percepción visual. La falta de artificio tiene el poder de avivar la imaginación del espectador.

EVOLUCIÓN DE LA TRAGEDIA GRIEGA

A Tespis se le atribuye la primera representación trágica, en el 534 A.C., cuando compuso para las grandes dionisíacas el primer diálogo entre actor y coro, introduciendo de este modo un elemento propiamente dramático.

A partir de aquí la tragedia evoluciona en dos sentidos:

  1. Incrementando la importancia de lo dramático
  2. Disminuyendo la incidencia del coro

Sin duda los más importantes trágicos griegos son Esquilo, Sófocles y Eurípides.

Esquilo (525 — 426 A.C)

Ya los antiguos dieron a Esquilo el título de “Padre de la tragedia”. El tomó el drama con los elementos dispersos aportados por sus antecesores y los reunió en una estructura que si bien fue modificada nunca fue destruida.

Fue quien ideó la presencia de un segundo actor en escena, progreso del que se desprenden los demás. Como consecuencia de este segundo actor predominó el diálogo, y la intervención del coro se vio restringida y atenuada. Al disminuir la importancia del coro se refuerza el sentimiento dramático.

Esquilo funda la tragedia en la acción y no en la contemplación. Tiene un movimiento interno: conflicto de ideas y sentimientos, y externo: evolución de los personajes movidos por los sucesos.

Compuso tetralogías, es decir, una trilogía y un drama satírico. Aquella no es una larga pieza en tres actos, sino tres piezas separadas, unidas por un solo tema. Cada pieza es una unidad bien concebida que puede representarse de un modo satisfactorio independientemente. A través de este mecanismo pudo mostrar lo imperioso de la herencia familiar de las culpas.

Perfeccionó el vestuario y la maquinaria. En sus obras se observa un estilo rico en metáforas y símiles, una profunda fe religiosa, junto con una gran preocupación por la verdad.

Habría compuesto 90 tragedias de las que sólo se conservan siete.

Sófocles (495 — 406 A.C)

Llamado el bienaventurado (makarios), su vida y obra son un símbolo de la era de Pericles. Su existencia coincide con los mejores momentos de Atenas. Era un hombre de opiniones moderadas, respetuoso de la religión y de la moral. Introdujo reformas técnicas en la tragedia: aumentó el número de actores, ensanchó el campo de la acción dramática, acentuó el perfil de los caracteres y subió el número de coreutas a quince (con Esquilo eran doce)

No escribió trilogías, sino obras aisladas entre las que se destacan: Antígona y Edipo Rey entre otras.

Eurípides (480 — 406 A.C)

Contemporáneo de Sófocles, Eurípides parece estar separado de él por una generación. En la vida rapidísima de Atenas, 14 años de intervalo entre el nacimiento de dos poetas han sido suficientes para transformarlo todo. La gran edad de Atenas ha pasado: los héroes se van, llegan los sofistas. Eurípides, nacido de una familia humilde, fue discípulo de Anaxágoras y condiscípulo de Sócrates. Representa a la Atenas inquieta y turbada de la época nueva.

La vida de Eurípides no tuvo la grandeza de la de Esquilo ni la belleza de la existencia de Sófocles. Hasta su gloria fue tardía y casi póstuma. Escribió 75 tragedias y únicamente cinco de ellas fueron coronadas, mientras que Sófocles triunfó veinte veces, y cuando no lo hizo, obtuvo el segundo premio.

En sus dramas, en todo momento, aún en medio del aparato religioso que le sirve de marco, circula un espíritu escéptico que está en contraposición con las leyendas que desarrolla en escena. Hay una frase que dice Sófocles: “Yo pinto a los hombres tal cual debieran ser”. Eurípides los pintan tal como son. Los héroes épicos se reducen a la estatura media de sus contemporáneos. Ya no luchan con energía masculina contra el destino; los soportan con ira impotente.

En sus obras se observa la decadencia del coro. Este, que en Sófocles y Esquilo es la conciencia viva de sus tragedias, pierde tal rol, en su lugar recibe confidencias, se convierte en cómplice.

Trabajó con tres personajes en escena, más un eventual cuarto personaje mudo. Son famosos sus grandes personajes femeninos.

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REPRESENTACIÓN DEL DRAMA GRIEGO 

Los orígenes literarios del teatro griego han de ser buscados en determinados elementos formales de la poesía épica y lírica. Mientras en aquellos géneros lo fundamental era la narración de hechos míticos o vivenciales, aquí, en el teatro, lo central reside en la representación visualizada de esos mismos hechos. A la voz en “off” del aedo épico y a la reflexión personal del poeta lírico, sucede aquí una puesta en escena de lo que aquellos hubieran podido cantar o celebrar según los casos. Pero tal puesta en escena no surgió de la nada, sino que era un elemento constante en numerosos y antiquísimos rituales ligados al culto de los dioses.

Esta explicación verosímil de los orígenes del teatro griego surge y se impone al comparar los contenidos y formas de la épica y de la lírica con los de las creaciones trágicas conservadas. Pero cuando pasamos al terreno de los testimonios históricos concretos, sólo podemos afirmar que hacia el 535 a.C., en las Grandes Dionisias instituidas por el tirano Pisístrato, fue representada la primera tragedia, obra de Tespis, que resultó ganador del concurso.

La historia de la tragedia ática se reduce a una intensa vida de poco más de un siglo de duración, hasta el 406 a.C., año en que mueren Eurípides y Sófocles. Esta fructífera centuria de creaciones trágicas puede ser resumida agrupando a los poetas trágicos más conocidos en tres apartados:

  1. a) Predecesores de Esquilo: fueron Tespis, Quérilo, Prátinas y Frínico.
  2. b) Los tres grandes trágicos: Esquilo, Sófocles y Eurípides.
  3. c) Otros trágicos menores: Ión, Critias, Agatón, etc.

 Al comparar el teatro griego con el de épocas posteriores, incluida la nuestra, se corre el peligro de atribuir a aquél algunas características estéticas mucho más modernas que desvirtuarían la autenticidad del espectáculo teatral griego.

Los autores dramáticos griegos componían sus obras para concurrir a alguno de los certámenes teatrales que anualmente se celebraban en Atenas durante los meses de enero, festividad de las Leneas, y marzo, grandes Dionisias.

Aunque a lo largo de su historia la tragedia sufrió importantes transformaciones, pueden señalarse en ella los siguientes elementos constitutivos fijos:

  1. a) Prólogo.- Es una parte completa de la tragedia que precede a la párodos o entrada del coro. En él se expone de forma resumida el argumento de la tragedia.
  2. b) Párodos.- Es el canto con el que entra el coro.
  3. c) Episodios.- Son las partes no corales, donde intervienen los personajes, que se alternan entre los estásimos o intervenciones del coro. El primer episodio va detrás del párodos y el último precede al éxodos.
  4. d) Estásimos.- Son las intervenciones del coro que marcan la separación entre los episodios. A veces el estásimo es sustituido por un comos o dialógo lírico entre coro y actor. El número de estásimos varía entre 3 y 5.
  5. e) Éxodo.- Es el canto de salida del coro.

El arconte epónimo (que daba nombre al año) designaba los tres coregos -ciudadanos ricos que de esta manera contribuían al fisco- que debían sufragar los gastos ocasionados por la representación de las tragedias.

El número limitado de actores, cada vez más profesionalizados, el atuendo y las máscaras utilizadas por ellos, el acompañamiento musical de las piezas, la tramoya escénica y la representación al aire libre constituyen otros tantos elementos decisivos a la hora de entender la estética de la tragedia antigua.

¿Sacaste resumen de todo? Porque después tenes que repasarlo. Para resumir, nada mejor que presentaciones audiovisuales animadas. Estos son dibujitos pero con toda la info. Pausalos y sacá resumen.

  1. https://www.youtube.com/watch?v=9qbVdjYutMg
  2. https://www.youtube.com/watch?v=xyKKjBXjG0Q
  3. https://www.youtube.com/watch?v=038vQ1kGdt4

BIBLIOGRAFÍA:

Bowra , C. M.: “Introducción a la literatura griega”

César Oliva, Francisco Torres Monreal: “Historia básica del arte escénico” editorial cátedra, edición 2006.

Navarre, Octave: “Las representaciones dramáticas en Grecia” editorial Quetzal.

Rodríguez Adrados, Francisco: “Fiesta, comedia y tragedia” Alianza Universidad, textos, 1983.

Heller, Pedro Luis: “Actualidad de la tragedia griega” ediciones literarias uruguayas, 1963.

Iriarte; Ana: “Democracia y tragedia, la era de Pericles”; ediciones Akal, 1996.

Cantarella, Raffaele: La literatura griega clásica. Editorial Losada, Bs. As., 1971

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Ideas artiguistas

INSTRUCCIONES DEL AÑO XIII

En 1812 se reinció la luchaentre el gobierno de BuenosAires y los españoles que,desde Montevideo,                        ...

Presentaciones relativas que debes leer:

En el campamento de Artigas fueron electos los diputados orientales que debían concurrir a la Asamblea Nacional General Constituyente (Asamblea del año XIII), fijada en la Ciudad de Buenos Aires, y cuyas instrucciones dictadas el 13 de abril de 1813, para el desempeño de su encargo, reclamaban básicamente lo siguiente:

  • Declaración de la Independencia.
  • Libertad civil y religiosa.
  • Organización política federativa.
  • Estados autónomos.
  • Que Buenos Aires no fuese la sede del gobierno central.

Artículo 1°: Primeramente pedirá la declaración de la independencia absoluta de estas Colonias, que ellas estén absueltas de toda obligación de fidelidad  a  la  Corona  de  España  y  familia de los Borbones y que toda conexión política entre ellas y el Estado de la España es y debe ser totalmente disuelta.

Artículo 2°: No admitirá otro sistema que el de confederación para el pacto recíproco con las provincias que forman nuestro Estado.

Artículo 3°: Promoverá la libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable.

Artículo 4°: Como el objeto y fin del Gobierno debe ser conservar la igualdad, libertad y seguridad de los Ciudadanos y los Pueblos, cada provincia formará su gobierno bajo esas bases, a más del Gobierno Supremo de la Nación.

Artículo 5°: Así éste como aquel se dividirán en poder legislativo, ejecutivo y judicial.

Artículo 6°: Estos tres resortes jamás podrán estar unidos entre sí, y serán independientes en sus facultades.

Artículo 7°: El Gobierno Supremo entenderá solamente en los negocios generales del Estado. El resto es peculiar al Gobierno de cada Provincia.

Artículo 8°: El territorio que ocupan estos Pueblos desde la costa oriental del Uruguay hasta la fortaleza de Santa Teresa forman una sola Provincia, denominante la Provincia Oriental.

Artículo 9°: Que los siete Pueblos de Misiones, los de Batovía, Santa Tecla, San Rafael y Tacuarembó que hoy ocupan injustamente los Portugueses y a su tiempo deben reclamarse serán en todo tiempo territorio de esta Provincia.

Artículo 10°: Que esta Provincia por la presente entra separadamente en una firme liga de amistad con cada una de las otras para su mutua y general felicidad, obligándose asistir a cada una de las otras contra toda violencia, o ataques hechos sobre ella o sobre alguna de ellas por motivo de religión, soberanía, tráfico o algún otro pretexto cualquiera que sea.

Artículo 11°: Que esta Provincia retiene su soberanía, libertad e independencia, todo poder, jurisdicción y derecho que no es delegado expresamente por la confederación a las Provincias Unidas juntas en Congreso.

Artículo 12°: Que el puerto de Maldonado sea libre para todos los buques que concurran a la introducción de efectos y exportación de frutos poniéndose la correspondiente Aduana en aquel Pueblo; pidiendo al efecto se oficie al Comandante de las Fuerzas de Su Majestad Británica, sobre la apertura de aquel Puerto para que proteja la navegación o comercio de su Nación.

Artículo 13°: Que el Puerto de la Colonia sea igualmente habilitado en los términos prescriptos en el artículo anterior.

Artículo 14°: Que ninguna tasa o derecho se imponga sobre artículos exportados de una provincia a otra; ni que ninguna preferencia se de por cualquiera regulación de Comercio o renta a los Puertos de una Provincia sobre las de otras ni los Barcos destinados de esta Provincia a otra serán obligados a entrar a anclar o pagar Derechos en otra.

Artículo 15°: No permita se haga ley para esta Provincia sobre bienes de Extranjeros que mueren intestados, sobre multa y confiscaciones que se aplicaban antes al Rey; y sobre territorios de éste mientras ella no forma su reglamento y determine a que fondos deben aplicarse como única al Derecho de hacerlo en lo económico de su jurisdicción.

Artículo 16°: Que esta Provincia tendrá su Constitución territorial; y que ella tiene el derecho de sancionar la general de las Provincias Unidas, que forma la Asamblea Constituyente.

Artículo 17°: Que esta Provincia tiene derecho para levantar los Regimientos que necesite, nombrar los oficiales de Compañía, reglar la Milicia de ella para seguridad de su libertad por lo que no podrá violarse el derecho de los Pueblos para guardar y tener armas.

Artículo 18°: El Despotismo militar será precisamente aniquilado con trabas constitucionales que aseguren inviolable la Soberanía de los Pueblos.

Artículo 19°: Que precisa e indispensable sea fuera de Buenos Aires, donde reside el sitio del Gobierno de las Provincias Unidas.

Artículo 20°: La Constitución garantiza a las Provincias Unidas una forma de gobierno republicana; y que asegure a cada una de ellas de las violencias domésticas, usurpación de sus Derechos, libertad y seguridad de su soberanía que con la fuerza armada intente alguna de ellas sofocar los principios proclamados. Y asimismo prestará toda su atención, honor, fidelidad y religiosidad a todo cuanto crea o juzgue necesario para preservar a esta Provincia las ventajas de la Libertad y mantener un Gobierno libre, de piedad, justicia, moderación e industria. Para todo lo cual, etc.

 Los delegados, reunidos en el Congreso, resolvieron reconocer a laAsamblea General Constituyente bajo determinadas condici...

ANÁLISIS DE SUS ARTÍCULOS

Los 20 artículos de las Instrucciones se suelen dividir en tres sectores: los que se refieren a la organización general del estado;  los que se refieren a la organización particular de cada provincia  los relativos a la Provincia Oriental. Todos ellos, sin embargo tienen como base tres ideas fundamentales:

  1. Independencia, concebida como la separación nacional de todas las provincias del viejo virreinato platense respecto al poder colonial español.
  2. República, en oposición a las teorías monárquicas sostenidas por un sector de la dirigencia revolucionaria porteña.
  3. Federalismo, aplicado en dos etapas: una inicial confederación ofensivo-defensiva entre las provincias, para derivar luego en una constitución de un Estado federal.
  • El artículo primero busca la independencia de las provincias del poder español y desea cortar lazos de fidelidad con la familia real.
  • El artículo 2º consagra la igualdad de las provincias, una vez lograda la independencia de España, a través del pacto recíproco.
  • El 3º y 4º promueven la libertad civil y religiosa y tienen como objeto conservar la igualdad de los ciudadanos y de los pueblos; y sobre cuyas bases debería organizarse tanto el gobierno nacional como el provincial.
  • El 5º y 6º se refiere a que los poderes se debían organizar en un sistema de gobierno republicano, es decir, que el poder se ejercería a través del legislativo, ejecutivo y judicial y la independencia de éstos.
  • El artículo 7º explica que las provincias tendrán un gobiernoFederal, y se expresa que el gobierno supremo entenderá solamente en los negocios generales del Estado.
  • Los artículos 8º y 9º se refieren a los límites de la Banda Oriental, por los que se reclaman los siete pueblos de laMisiones Orientales.
  • El artículo 10º habla de la confederación y de la protección que se deben entre sí las provincias.
  • Los artículos 12º y 13º mencionan sobre la habilitación de puertos.
  • El 14º menciona las tasas arancelarias, donde no existirán preferencias.
  • El 16º trata sobre el régimen de organización interna de cada provincia, mencionando que cada provincia tendrá su propia Constitución.
  • El 17º y 18º regulan la milicia de cada provincia y las potestades de cada una para nombrar oficiales y reglar la milicia, evitando el despotismo militar.
  • El 19º es el que genera más enfrentamiento con la élite que gobierna Buenos Aires, ya que establece que el sitio de residencia del gobierno “precisa e indispensablemente”, ha de ubicarse fuera de Buenos Aires.
  • El 20º establece que el gobierno central tendrá que prestar toda su atención para “preservar a la Provincia las ventajas de la libertad y mantener un gobierno libre de piedad, justicia, moderación e industria”.

La lectura de las                Territorio de Instrucciones nos                las Provincias                            ...

CONSECUENCIAS

Los planteamientos propuestos por Artigas en las Instrucciones del año XIII, contradecían altamente al ideario político de la dirigencia porteña, que se basaba en principios totalmente distintos. Para esta, incluso en sus elementos mas lucidos y honestamente liberales, elEstado debía organizarse según principios de jerarquización políticaque contemplaran la “natural” división social. Eso solo era posible estableciendo un gobierno centralizado y poderoso, al cual debían subordinarse las provincias previo acuerdo de participación de este. El desarrollo solo era posible en esta concepción, si existía una clase dirigente provista de poderes capaces de crear una legislación justa, equilibrada y racional, a la que todos debían meterse para entrar en el sendero del progreso, la cultura y la prosperidad. Esta dirigencia debía, por supuesto, surgir de la clase ilustrada, que en su gran mayoría residía en las ciudades, y en particularmente en Buenos Aires. La ciudad, vinculada a las corrientes económicas, intelectuales y políticas del mundo, representaba la “civilización” frente a una “barbarie” provincial de reminiscencias feudales que era necesario, precisamente, “civilizar”.
Frente a esta idea se alzaba la visión federal, más amplia ydemocrática, basada en los derechos de las comunidades y la idea de que una nación solo podía construirse con la aportación igualitaria de todos sus sectores sociales. Una visión enraizada en un concepto de igualdad profundamente sentido por la población humilde del medio rural, que repetía como un sonsonete que “naide es más que naide” y que rechazaba la idea de que la conducción debía estar monopolizada por los ilustrados y los doctores. Ante la pretensión hegemónica de estos, instalados mayoritariamente en Buenos Aires, el federalismo, a la vez integrador y celoso de la defensa de los derechos de los pueblos, aparece como una necesidad inevitable. Artigas lo concibió no solo por sus lecturas de textos norteamericanos, sino por su experiencia de los tremendos hechos de 1811, en el curso de los cuales los derechos de su pueblo oriental fueron desconocidos en aras de intereses extraños, que se pretendían superiores.
El programa político de las Instrucciones del año XIII era, entones, totalmente inasumible por los hombres que dirigían los destinos de la naciente comunidad política platense. Su pretensión de una igualdad provincial, que de alguna forma apuntaba a una equidad de derechos por encima de las clases, parecía un sinsentido irracional paraRivadavia, Sarratea o Alvear, significaba poner en el mismo plano a la “civilización” y la barbarie”. Y los caudillos líderes que lo impulsaban, comenzando por Artigas, eran, en la concepción de ellos, “anarquistas”, en el sentido de favorecedores del caos, de enemigos del centralismo civilizador. El entendimiento era imposible. Los que lo intentaron como José San Martín, terminaron marginados y frustrados. Estos dos idearios políticos altamente antagónicos pronto conllevarían a una mayor ruptura entre Artigas y el gobierno de Buenos Aires.

Fuente:

http://www.fmmeducacion.com.ar/Historia/Documentoshist/1813instruccionesanoxiii.htm

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